Lancé el golpe por arriba del lugar, aquel que masacraba a los de mi bando había bloqueado mi embestida. Quedé impactado y la onda sonora se propagó por todo el lugar. Ambos salimos lanzados hacia atrás.
Alcé la mirada con rapidez y sus ojos estaban pegados a mí. Lo reconocí al instante, aquel que masacraba a mis compañeros, se trataba del joven de crestas, quien antes había apaleado mi cuerpo. Se trataba de aquel que me había vencido tan solo siendo un humano:
- Maldito… - Exclamé - ¿Qué haces aquí?
- Volvemos a encontrarnos, Ángel de la muerte. – Respondió él – Al parecer es obra del destino nuestra batalla…
- ¿Cómo sabes quién soy? ¿De qué rayos hablas?
- Soy aquel en quien derramaras tu sangre – Explicó - La mano derecha del gran Bladel, Leizar. Déjame decirte que hoy, mi querido amigo, ha llegado tu final…
Rápidamente empuñé mi espada en ambas manos y salí denodado hacia el joven. Leizar se colocó en posición, alzó su mano derecha, con la que sostenía una gran lanza en su mano. Dio un giro, la lanza cortó el aire y ambos filos impactaron. Di la vuelta, intentando realizar un ataque de espalda, pero Leizar, prevenido esquivó el mismo con ligereza pateo mi pecho.
Di unos pasos hacia atrás, recuperando el equilibrio y retomando la energía. Un nuevo paso y nuevamente me di al ataque. Mi filosa intentaba dar contra su cuerpo, pero lo único que recibía eran bloqueos a todos sus ataques. Abrí mis alas, me lancé hacia atrás y con rapidez recuperé el aliento.
Lancé un vistazo, el joven caminaba lentamente hacia mí, con su arma en mano y un rostro neutro completando la imagen. Lancé un golpe, el cual Leizar esquivó con rapidez, para entonces golpear mi mentón, alzarme varios metros por el aire y lanzar el ataque.
Pasó en un abrir y cerrar de ojos, cuatro grandes tajos se extendían por todo mi cuerpo, haciendo caer grandes cantidades de sangre y embarrando el suelo debajo de mí. Leizar se arrimó, tomó mi cuello y al instante hizo estallar mi rostro contra el suelo, para entonces dar pasos hacia atrás y nuevamente colocarse en posición:
- Vamos ángel, esto aún no acaba…
Un paso al frente y lancé el ataque. Mi oponente, digno de serlo, bloqueo con rapidez el filo de mi espada con tan solo su mano desnuda, para con la restante acribillar su lanza y perforar de inmediato mi abdomen.
Un lago de sangre se formó debajo de mí. Caí de rodillas cabeza agacha. Leizar dio un paso, se colocó detrás de mí y arrebató su arma de la herida:
- Ahora si… - Exclamó para empuñar su filosa y lanzar el ataque - ¡Muere!

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