Al día siguiente las clases fueron pausadas indefinidamente. El profesor fue hallado por el escuadrón de policías encargado del desastre, su muerte fue vista como un efecto del derrumbe de la edificación, el misterio de la caída de la edificación fue informado como una mal construcción, pero lo cierto es que no se había llegado a saber. Desde ese día mi trabajo diario sigue al igual que siempre.
El hombre dentro de la habitación aferraba sus dientes al cadáver, daba un gran tirón y un trozo de carne se clavaba en sus dientes, junto a un gran chorro de sangre que embarraba el suelo. El cuerpo de una joven estaba desparramado en el suelo, desnudo y sin vida.
Una gran sonrisa de oreja a oreja se formaba en su rostro, sus ojos estaban fijos en su comida. De repente un relámpago abatió en las cercanías, el hombre giró su rostro y observó al ventanal del edificio, un cielo nocturno y nublado se posicionaba frente a él, una gran luna hacia brillar el lugar, más cercano que cualquier cosa en aquel vacío séptimo piso de la estructura.
De inmediato el ventanal se quebró en mil trozos que cayeron sobre el suelo al momento. El hombre se colocó de pie con rapidez y tomó una navaja que a metros de él se encontraba. Caminé lentamente hacia él, sus brazos acobardados se movían con rapidez, intentando acuchillar a algo, aunque realmente no sabía que:
- ¡Sal de mi casa! – Decía casi sollozando - ¡Sal de aquí quien quiera que seas!
Di un paso, de inmediato mi filosa atravesó su cuello y un chorro de sangre saltó en el aire. Sus manos se movían lentamente hacia mi espada, la cual no podía ver, pero sí que podía sentir. En ese momento di un tirón, haciendo caer el cuerpo y convirtiendo su cabeza en tan solo un rojizo cráneo en pedazos sobre aquel helado suelo. De inmediato un enorme ser comenzó a surgir de su cadáver, aquel monstruo que yo tanto conocía. Di un giro, al instante mi espada cortó en dos al mismo, acabándolo finalmente.
Di un paso hacia atrás, acomodé mi filosa y observé el cadáver de la dama:
- Enfermo…
Di la vuelta y corrí hacia el ventanal, para entonces abrir mis alas y saltar al vacío.

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