Me coloqué en movimiento, di un paso y me lancé hacia él, empuñé mi espada con fuerza y di un salto. La mirada de todos sobre mí quien saltaba hacia aquel horrible monstruo, templado y confiado como nadie:
- ¡Aún no! ¡No estás preparado! – Oí por detrás, la voz de Gabriel dirigiéndose hacia mí con pujanza
No le di importancia, las palabras pasaron de largo. Lancé el golpe, el enorme monstruo lo bloqueó y con rapidez me arrojé por detrás.
Un gran giro, el monstruo lanzó una mirada y un afanoso gruñido sobre mi rostro. Tomé mi filosa, di un paso al frente, la misma impactó sobre el abdomen del monstruo y un enorme tajo se abrió en su cuerpo. Di un paso hacia atrás y observé la escena. Su mitad superior abatía sobre el suelo, embarrando el lugar de rojo y confirmando su muerte.
Alcé la vista, la muchedumbre me observaba boquiabierto. Gabriel, por detrás, colocaba su mirada sobre mí y siquiera pestañaba, una sonrisa se formó en su rostro.
Me adelanté un momento, coloqué la frente en alto y con rapidez di la vuelta. Una enorme masa de adversarios se acercaba con rapidez hacia nosotros. Empuñé mi espada y con rapidez me lancé sobre ellos, acompañados esta vez de miles de seres alados que me seguían por detrás.
En segundos la revuelta se transformó en un baño de sangre. Las espadas atravesaban los cadáveres uno a uno. Sus garras despedazaban la carne de sus enemigos. Un rojo vivo se encendía en el ambiente.
De repente presentí que algo no estaba bien, una intuición casi estúpida pero que no pensaría en rechazar. Di la vuelta, de inmediato sus enormes y afilados dientes se clavaron en mi filosa. Sus magnos ojos rojizos se clavaban en los míos, y su aterradora figura, a pesar de una misma estatura, era atemorizante.

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