lunes, 23 de mayo de 2016

Ángel de la muerte 2nd Capítulo 13: Aquel que alcanza a los dioses

El ser alzó sus manos, una gran llamarada verduzca se encendió sobre sus dedos, estos rozaron el suelo. De inmediato el lugar ardió por completo, aquel plasma verde se alzaba en el aire:
  • Acércate, se uno con las llamas…
Tragué saliva, lancé una mirada y de repente comencé a temblar. Cerré ambos puños con fuerza y di un paso hacia adelante, mi pie derecho fue primero, en cuestión de segundos me hallaba sumido en aquel ardiente fogón que me escalaba.
Mi cuerpo comenzó a inquietarse, bañándose en plasma mientras este me quemaba de pies a cabezas, pero no estaba acompañado de dolor. Las llamas se juntaron todas sobre mí y alcé mi rostro:
  • Estas llamas, estas llamas simbolizan el poder de los dioses… Estas llamas te brindaran el poder que te pertenece, el Kumitzu… - Decía el ser
Abrí ambos ojos, de repente un leve viento se formó en el lugar y las llamas comenzaron a ingresar a mi cuerpo con rapidez, utilizando los orificios de mi rostro como entrada:
  • Desde hoy, tu, Azrael, eres un ser divino… - Exclamó – Desde hoy ya no eres humano…
Las llamas desaparecieron en mí y di un paso hacia atrás:
  • Ve… - Lo miré fijamente - ¡Ahora, hijo mío, Ve y acaba con aquellos que nos asechan!
Rápidamente tomó mi espada, di la vuelta un gran paso hacia al frente. El portón se abrió en dos y mi cuerpo salió lanzado hacia el exterior de la sala.
Una mirada allí y realizaba un movimiento, con ligereza me movía entre los seres alados y acababa con todo demonio que distinguiera en mi camino. Mi espada era un haz de luz, moviéndose tan perfectamente que casi parecía irreal, la sangre saltaba por todo el lugar, y no me detendría.
De momento, a la distancia, un enorme chillido se oyó repentinamente. Me paré por un momento y lancé una mirada, un enorme monstruo, de ojos saltones y enormes garras en ambas manos, con colmillos como afiladas espadas, una puntiaguda lengua y una gran cola extendiéndose de su espalda. La sangre saltaba a su alrededor, proveniente de los cuerpos que él mismo asesinaba, gritando y zarandeando a la vez.
Me coloqué en movimiento, di un paso y me lancé hacia él, empuñé mi espada con fuerza y di un salto. La mirada de todos sobre mí quien saltaba hacia aquel horrible monstruo, sereno y confiado como nadie…

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