La hembra dio un paso hacia atrás, abrió sus filosas garras y nuevamente se lanzó al ataque. Gabriel esquivó el ataque, haciéndola pasar de largo para luego patear su cuerpo con fuerza. La ser rodó varios metros por el suelo.
Un impulso, sus colmillos estaban a centímetros de su cuerpo Gabriel lanzó un golpe, de inmediato un chorro de sangre se extendió por el lugar y su oponente cayó al suelo.
La hembra lanzó una mirada, su oponente, Gabriel, la observaba fijamente, esperando su ataque. Sabiendo que en ese momento podría acabarla. Un gran movimiento, la misma se colocó de pie y lanzó un ataque, Gabriel lo esquivó sin mucho esfuerzo. Sus garras comenzaron a moverse de un lado a otro, intentando agarrar a su enemigo, quien, sin quitar la vista de encima evadía todos sus ataques.
Su brazo cruzó rozó su mejilla, una casi indetectable línea roja se abrió en su rostro. Gabriel, descontento, tomó el brazo de su adversaria y colocando su cuerpo sobre su espalda hizo estallar su rostro contra el suelo. Para entonces colocarla de rodillas y golpear su pecho.
La hembra abrió su boca y un chorro de sangre saltó en el lugar. Gabriel alzó su pierna derecha, se colocó en posición y al instante pateo con fuerza su cabeza. El cuerpo de la misma salió lanzado nuevamente, golpeando contra la superficie y raspando toda escultural figura.
Una mirada. Su oponente, a lo lejos, se colocaba de nuevo de pie, con sus ojos sobre él y sus garras bien abiertas. Un gran paso y la misma se echó a correr hacia él. Sus brazos se movían a una velocidad espeluznante, sus pechos, rebotaban una y otra vez a medida que daba un nuevo paso. Antes de lo esperado la hembra se hallaba a solo unos metros de distancia.
Gabriel alzó su puño derecho y lanzó el golpe. Su hermosa figura quedó en el aire y se detuvo por un instante. La sangre se extendió por el suelo y embarró todo a su alrededor. Su cuerpo era degollado por la pujanza del golpe de Gabriel, quien observaba detenidamente caer el cadáver de su enemiga.
Observé un momento el cadáver de mi enemigo y alcé la vista. A lo lejos, miles de seres alados combatían con quien sabe quién, siendo masacrados por el mismo en tan solo instantes. La sangre se alzaba en el aire y daba vueltas como si de un ventilador se tratara. Tomé con fuerza mi espada y abrí mis cuatro alas. De inmediato mi cuerpo salió embalado hacia el lugar.
Lancé el golpe por arriba del lugar, aquel que masacraba a los de mi bando había bloqueado mi embestida. Quedé impactado y la onda sonora se propagó por todo el lugar. Ambos salimos lanzados hacia atrás.

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