sábado, 28 de mayo de 2016

Ángel de la muerte 2nd Capítulo 17: La fuerza de la cruz

Un afanoso impulso, el monstruo me arrastraba fuertemente por el suelo, haciéndome ceder ante su fuerza, tomando con pujanza mi filosa entre su cola y yo, intentando recuperarla, siendo sometido por el mismo. La desesperación me comía vivo, no podía seguir, gotas de sudor corrían por todo mi rostro:
  • ¡Maldición! – Me dije a mi mismo - ¡Debo salir! ¡Esto no puede acabar así!
Observé un momento su rostro, su aterrador rostro, con sus enormes dientes como cuchillas sosteniéndose unos a otros, su puntiaguda lengua abriéndose camino entre ellos, sus ojos sobre mí, sus garras realizando una pequeña danza. Era pavoroso:
  • ¡No! – Dije con fuerza - ¡No acabaras conmigo!
De inmediato una nube de humo me rodeo por completo, dos grandes alas se sumaron a las anteriores, mis ojos se tornaron rojizos, mi rostro se sumió en poder y mi espada sufrió una gran transformación: pasando de ser un enorme trozo de meta de doble filo, a una gran cruz, con una hoja casi indistinguible del aire y un mango cubierto de grandes cintas blancas y con tal fuerza que podría acabar montañas, esta era la fuerza del espíritu santo:
  • ¡No me subestimes!
Rápidamente realicé un rápido movimiento, alzando mi espada y cortando la cola del monstruo en mil trozos. Un chorro se sangre se alzó en el aire. Di un paso y me lancé al ataque. El monstruo, intentando bloquearme, colocó su mano en señal de defensa, la cual, segundos después, se abriría en dos abriendo paso al filo de mi arma.
Su brazo derecho cayó en dos grandes trozos y al instante golpee su pecho. Un hilo rojo salió de su boca, sus ojos estaban fijos en mí, él lo sabía, era su fin. Di un giro y tomé con ambas manos el mango de mi espada, para entonces lanzar el golpe y abrir un enorme tajo en el pecho del monstruo.
Di un paso hacia atrás, segundos después, de la herida del monstruo, una avalancha de demonios comenzó a surgir entre el baño de sangre, haciéndose posar ante mi arrimarse con rapidez. Tomé nuevamente mi espada, un solo golpe basto para acabar con todos ellos. El cadáver del ser abatió contra el suelo, empapado en sangre y con su rostro casi desfigurado. Él había muerto.
Mientras tanto, a varios metros del lugar, Gabriel aterrizaba sobre la superficie y se acercaba lentamente hacia el ser hembra, quien anteriormente había intentado atacarme. La monstruo se colocó de pie y mostró sus enormes dientes. Un paso hacia adelante y la misma se embaló contra Gabriel, quien golpeo su rostro y la hizo retroceder de inmediato:
  • No intentes esto contra mi… No desperdicies mi tiempo… - Exclamó Gabriel para entonces colocarse en posición, sin siquiera tocar el mango de su espada, la cual descansaba en su cintura – Vamos, ataca…

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