Alcé la vista, de inmediato me encontré con su aterrador rostro. Su puño estrujaba mi pecho, impidiéndome respirar. Un rápido golpe, sus nudillos impactaron nuevamente contra mí, esta vez en mi rostro, haciéndome caer de inmediato:
- Vamos… Levántate… - Exclamó el hombre con una gran sonrisa en su rostro - ¡Vamos!
Su pierna se alzó en lo alto y dio contra mi abdomen, lanzándome con fuerza y haciéndome estallar contra el muro tras de mí, caí contra el suelo nuevamente. Un hilo de sangre comenzó a colgar de mi boca, levanté la mirada, él se arrimaba lentamente hacia mí, con sus ojos bien abiertos y ambos puños listos para apalear:
- ¿Por qué haces esto? – Pregunté de inmediato
- ¿Acaso aun no lo entiendes? – El hombre aporreo mi cuerpo, nuevamente lanzándome hacia atrás, esta vez haciendo caer el muro y recostarme sobre los miles de trozos de concreto. Un fugaz grito se oyó en el lugar - Al parecer el nuevo ángel de la muerte no es tan brillante como todos dicen…
El hombre realizó un exagerado movimiento, levantándome del suelo en tan solo segundos. Di un paso hacia atrás y me coloqué en posición:
- Asique finalmente lucharas… - Exclamó - ¡Bien, Vamos!
El individuo cerró ambos puños y se lanzó al ataque. El primer golpe fue casi gracioso. Lanzando su brazo derecho a una velocidad media. Abrí mis manos, esquivé el golpe y con ligereza tomé el brazo del atacante, para entonces realizar una ya conocida maniobra y hacer estallar su espalda contra el suelo.
Nuevamente me coloqué en posición y observé a mi institutor, que con una sonrisa cada vez más grande se colocaba de pie ante mí. Una lluvia de golpes comenzó a abrirse en tan solo instantes, mi rostro era castigado de una manera aterradora, chorros de sangre se abrían paso y embarraban las paredes del edificio. Lancé un contraataque, haciendo impactar mi puño contra su rostro y luego pateando su abdomen con mi pierna izquierda. El hombre dio un paso hacia atrás y me miró fijamente:
- ¡Vamos! ¡Muéstrame ese poder del que todos hablan! – Dijo para nuevamente lanzarse con rapidez
Mi rodilla se movió casi sola, dando contra sus costillas y lanzándolo contra el muro vecino. El hombre no dio importancia y nuevamente se lanzó.
Tomó algo de un par de segundos hasta que aquella escena se convirtiera en una danza de golpes uno a uno. Ambos penábamos al oponente con golpes rompedores, que hacían hervir nuestra sangre y aumentaban la adrenalina del momento.
El adversario se lanzó hacia el costado, saltó contra la pared y pateo mi rostro de inmediato, lanzándome metros lejos del lugar. Me coloqué de pie, alcé la vista, mi adversario seguía allí, caminando hacia mi como con ganas de acabarme, había algo seguro, no podía seguir así, defendiéndome ante el simulando no conocer mis poderes, recibiendo sus demoledores golpes a costa de mi vida, sin dejar de lado que aquel, al conocer mi identidad, debía ser o bien perteneciente a lo divino o bien perteneciente a lo siniestro. Y sus acciones me dejaban claro su lugar en la guerra. Debía hacerlo. Alcé mis manos, me coloqué de pie y abrí bien mis ojos:
- ¡Bien!
De inmediato una enorme espada se plasmó en mis manos, mis enormes alas se abrieron de par en par:
- ¡Comencemos!

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