Montecarlo observaba con recelo al chico, quien mantenía su cañón descansado sobre el gollete del cabecilla. Una enorme y aterradora sonrisa se formó en su rostro:
- Dispara… - Dijo el cabecilla en voz baja - ¡Dispara!
Paul alzó su dedo, cargó el cartucho y siguió manteniendo su pistola:
- ¿Realmente crees que puedes acabarme y salir vivo de aquí? – Exclamó el hombre – Ciertamente, realmente dudo que realmente pienses en matarme…
De inmediato el chico bajó un metro la carabina y abaleo el abdomen de Montecarlo. Un chorro de sangre saltó hacia el suelo y el joven volvió a la misma posición. El cabecilla asustado ya por lo que el chico era capaz de hacer, lo miró fijo a los ojos:
- No podrás escapar de aquí… - Explicaba – Por más que acabes conmigo, los demás militares te asesinaran de inmediato… Este condenado…
- ¿Realmente piensas eso? – Respondió el joven
- ¿Qué quieres decir?
De inmediato la puerta de madera se abrió en dos y comenzaron a entrar hombres de traje cubiertos de blanco y sosteniendo a sus militares quienes ya rendidos ante la fuerza esperaban paciente su muerte.
Montecarlo quedó boquiabierto, no podía creer lo que estaba apreciando, todos sus militares, toda su fuerza era sometida por un extraño grupo enmascarado:
- ¿Ahora entiendes la situación en la que estas? – Preguntó Paul
- ¿Qué quieres…? – Preguntó Montecarlo con la mirada aterrada y fija sobre Paul - ¿Quieres que abandonemos el país? ¿Quieres acaso su libertad?
- Claro que no… Lo único que quiero es poder…
- ¿Cómo?
- Dinero… Necesitamos dinero… No me interesa realmente mi país, no me interesa tu sucia rendición, después de todo yo haré que todos se sometan ante mi… - Explicó el chico – Pero necesito dinero
Montecarlo quedó en silencio un minuto:
- ¿De cuánto hablas?
- Creo que me has malentendido, no busco una cifra exacta… Busco más bien un sustento…
El cabecilla lanzó una risa:
- ¿Y qué te garantiza que la primera paga no será la última antes de que te acabe? ¿Qué te hace pensar que ese dinero está en nuestras manos?
- Ya te lo dije, todos se someterán ante mi… Y por favor, ambos sabemos tu manejas los fondos de tu país como quieres…
El lugar quedó en completo silencio. Paul y Montecarlo cruzaban miradas, cada uno odiando al otro. Nuevamente una risa se escuchó en el lugar:
- Muy bien… - Dijo el cabecilla – Realmente me sorprendes chico… Realmente eres un genio… No hay problema, tendrás el dinero…
El joven retiró el arma de su adversario y se alejó un paso hacia atrás. Al fondo, todos soltaron a los militares, quienes tomados por los enmascarados era liberados nuevamente:
- Bien… Ahora nos retiramos… - Exclamó el chico, para entonces dar la vuelta y comenzar a alejarse
- ¡Espera! – Gritó el cabecilla. Paul dio la vuelta – Antes de eso necesito saber… ¿Quiénes son ustedes?
- No lo sé… Tan solo somos el grupo que un día tomara este país…
Paul dio la vuelta nuevamente y se retiró de la habitación, guiado por su muchedumbre, quienes pasaban a los militares sin oposición. Montecarlo alzó la vista y observó el techo de su sala, al instante una aterradora risa comenzó a sonar en el lugar, un charco de sangre se formaba bajo el, fluyendo de la enorme sonrisa en su cuerpo:
- Ese chico… - Exclamó – Ese chico es el mal en persona…
Su cuerpo cayó de rodillas en el suelo y una enorme sonrisa se volvió a formar en su rostro:
- Será mejor obedecerlo…

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