martes, 3 de mayo de 2016

Relato de un Imperio Capítulo 37: ¡Paul!

Los puños de George comenzaron a danzar alrededor de Paul. Mientras este, lo burlaba con movimientos rápidos y certeros, castigando el cuerpo de su compañero con ligeros golpes. George dio la vuelta, se colocó en posición y lanzo una mirada sobre el chico. De inmediato un intenso dolor se extendió por todo su cuerpo. Desvió la mirada, una patada arrasadora impactaba contra su hombro derecho, haciendo caer nuevamente.
Una mirada, fija, George, sobre el suelo, observaba a Paul con firmeza, quien caminaba lentamente hacia él y con una enorme sonrisa en su rostro. De inmediato el puño del chico abatió sobre el rostro de George, un chorro de sangre salió lanzado contra el muro tras de ellos. El movimiento se repitió un par de veces, hasta que Paul, finalmente, se colocó de pie, tomó a George con fuerza y al instante apaleo su pecho.
Varios pasos hacia atrás, un chorro de sangre fluyendo de su mandíbula, ojos morados y sin lograr respirar. George estaba destrozado, a tal punto que había perdido el equilibrio, y, en contra de su voluntad, se arrodillaba ante Paul, quien lo observaba aun con aquella aterradora mirada. Paul dio la vuelta:
  • No puedo hacerlo… No puedo derrotarte a pesar de que sé que es necesario… - Dijo George mientras intentaba levantarse con sus últimas fuerzas. Las lágrimas comenzaron a caer de sus ojos y empapar el suelo bajo él. Paul dio la vuelta – Dime Paul… ¿Realmente piensas abandonar tu humanidad? – Exclamó ya casi de pie - ¡¿Realmente has llegado a tal punto?! ¡Dime Paul!
Paul dio la vuelta completamente, para entonces borrar aquella horripilante sonrisa de su rostro y observarlo casi con lastima:
  • ¡Realmente te abandonaras a ti mismo! – Gritó con fuerza - ¡No lo permitiré! ¡Paul!
George dio un salto, cerro sus puños, y lagrimando con fuerza se lanzó al ataque. Paul lo esperó en posición, observando como su compañero se esforzaba al máximo por él, sabiendo que no serviría de nada:
  • ¡Paul!
Un fuerte golpe, el puño del chico impactó sobre la mejilla de su compañero, lanzándolo metros por detrás y acabando finalmente con la pelea. Paul lanzó una mirada sobre George, quien se hallaba en el suelo, casi inconsciente y destrozado por el golpe.
N paso hacia atrás, Paul dio la vuelta y miró la entrada. Eric y William se hallaban allí, presenciando la batalla, con sus ojos sin animo y la boca bien cerrada:
  • Vámonos…

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