Di un salto hacia atrás y de inmediato el ser repitió la acción. El color de la sangre existía en sus grandes ojos, redondos como bolas de billar y enterrados en su rostro como si de una tumba se tratara. Un grito se alzó en el cielo, el ser dio un paso hacia adelante, abrió sus enormes garras y se lanzó al ataque.
De inmediato las garras del ser empren dieron a chocar una y otra vez con mi filosa, mientras yo, moviéndome de un lado al otro, bloqueaba sus ataques uno por uno. En ese momento un haz de luz cruzó el lugar, sus garras abrieron un enorme tajo en mi pecho y este se lanzó varios metros por detrás.
Un chorro de sangre se extendió por el suelo y sus marcas quedaron plasmadas en mi cuerpo. Alcé la mirada, el ser cruzaba sus ojos hacia mí, como deseoso de acabarme en ese instante, pero paciente a la vez.
Un nuevo grito, esta vez más chillón y doloroso, no proveniente del ser frente a mí. Giré mi rostro, un demonio, enteramente negro y pareciendo ser hembra, corría desesperada hacia mí, enterrando a los seres alados que se arrimaban hacia ella, haciéndolos estallar en un mar de sangre y siguiendo su camino sin parar.
Se hallaba a tan solo metros, unos cuatro por lanzar una cifra, cuando repentinamente, dentro de mi terror al entender mi situación, una figura surgió ante mí y bloqueó el ataque. Tardé un momento en comprender lo que acababa de suceder, Gabriel, el protector del altísimo, detenía a la hembra con su mano desnuda:
- Yo me encargo de ella… - Dijo Gabriel sin siquiera dar la vuelta, parta entonces alzar su pierna y mandar a volar a la misma – Solo sigue con lo que estabas…
Gabriel dio un paso, abrió sus alas y se embaló contra su adversaria. Devolví la vista a mi oponente y me coloqué en posición. Su enorme y puntiaguda lengua se movía de un lado a otro, realizando un movimiento constante, cautivador e hipnótico que hacia ingresar en un estado de distracción.
Di un paso al frente y comencé a correr hacia el maldito. Lancé un espadazo, este se echó hacia atrás y lo esquivó con facilidad, para entonces colocarse de pie y golpear mi rostro con rapidez.
Mi cuerpo se desbalanceó de momento, un hilo de sangre colgaba de mi boca, lancé un golpe, el ser lo bloqueó y nuevamente su puño impactó contra mi cuerpo, esta vez dando justo en mi hígado. Me lancé un momento hacia atrás y agaché mi cabeza un instante:
- Maldito… - Exclamé con una sonrisa de oreja a oreja en mi rostro – Acabaré contigo, maldito monstruo…

No hay comentarios:
Publicar un comentario