De inmediato el cadáver se abrió en dos. La sangre se extendió por el suelo y un negruzco ser comenzó a surgir del cuerpo. Una enorme y puntiaguda nariz que se alzaba con fuerza, grandes ojos abiertos que desconcentraba, forjado de un material pegadizo, que realizaba excéntricos movimientos. Él se colocó de pie y de inmediato dio un salto.
Abrí mis alas, tomó mi espada y di un vistazo, su movimiento había sido casi imperceptible, pero se hallaba a pocos metros de mí. Un rápido corte, mi espada abrió un gran tajo en su vientre y el ser pasó de largo.
El monstruo dio la vuelta y me observó detenidamente. Di un giro, mi filosa acribillo su cráneo, haciendo saltar sobre mí litros de sangre que me bañarían por completo. El ser dio un paso al frente, intentando alcanzar con sus filosas uñas mi rostro, movimiento sus dedos intentando cortar y arañarme.
Un nuevo golpe su pecho se partió al instante. Alcé mi puño, lo cerré y lancé el golpe. El cuerpo del ser salió lanzado contra el edificio, chocando contra el muro y formando una enorme nube de polvo.
Trozos enromes de concreto abatían sobre el suelo, la estructura era destruida poco a poco. Lancé una mirada, él se hallaba allí, recostado, si es que se permite decir, sobre el suelo, completamente deformado y cubierto de su propia sangre, sin vida ni mucho menos forma humanoide.
La pared principal de la edificación cayó en el lugar y en ese momento me di cuenta de la horrorosa situación del edificio, que ya siquiera parecía ser un edificio:
- Mierda…

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