Rápidamente el hombre se lanzó contra mí. Los golpeas se arrimaban a mí con fuerza, pero yo, con ligereza, los bloqueaba de inmediato. Un fuerte eco repiqueteaba cada vez que sus puños abatían contra el inalterable hierro de mi filosa. Lancé un golpe, mi pierna impactó contra su vientre de inmediato.
Un chorro de sangre se extendido de su boca hasta el suelo, una perversa sonrisa se formó en su rostro. Un gran salto y su puño acabó sobre mi rostro. Tomé su brazo, de inmediato, furioso, lo lancé contra el enorme muro a nuestro lado, derrumbando el mismo y haciéndolo entrar en la siguiente habitación.
Caminé hacia él, quien de inmediato se colocó de pie y comenzó a lanzar golpe tras golpe sobre mí. Un puño en mi pera, mi cuerpo se fue despegando poco a poco del suelo, estallando contra el techo sobre nuestras cabezas, destruyéndolo y abriendo un enorme hueco en el. Traspasé el lugar una nube de polvo acompaño al hombre hasta que finalmente surgió ante mí.
Me tiré sobre él, de inmediato, mi enorme espada abría un profundo tajo en su hombre derecho, haciendo saltar litros de sangre y embarrando el suelo con la misma. Furioso, mi profesor, cerró su puño y golpeo mi pecho, haciéndome chocar contra la puerta de la sala. Me coloqué en posición, no pasó más de un segundo hasta que mi adversario llegó hasta mí. Intente bloquear el golpe que provenía de sus manos, `pero de inmediato el mismo pateo mi arma.
La centella atravesó la habitación por completo y abatió sobre el suelo ligeramente. Miles de golpes cayeron sobre mí, moliendo mi cuerpo entero y haciéndome caer.
Su mirada estaba fija en mí, lancé una mirada y al instante encontré un tubo de hierro, el cual parecía transportar el gas de la instalación. Raspadamente alcancé el mismo y lo arranqué de la tapia. Un golpe sobre su cabeza, una enrome herida se abrió en el lugar y este se alejó unos cuantos metros por detrás. Una nube de gas comenzó a formarse en la habitación. Me coloqué de pie frente al hombre y me lancé al ataque.
Un palo contra su cuello, el siguiente en su cráneo y el tercero en su garganta. Mis rápidos movimientos abarcaban una danza de garrotazos sobre mi enemigo, haciéndolo ceder y prohibiendo sus contraataques. Su cuerpo cayó por detrás y, aprovechando el momento, patee su rostro. El hombre salió lanzado contra el extremo de la sala.
Lancé el barrote y de inmediato recogí mi espada, para entonces correr hacia mi enemigo, quien medio muerto se colocaba de pie.
Un poie por delante del otro, patee el pecho del maldito, haciendo atravesar la pared y chocar contra una, dos, tres y cuatro muros seguidos hasta finalmente acabar sin potencia.
Furioso, me lancé nuevamente hacia mi adversario, esta vez golpeándolo contra el lado sin filo de mi arma. Nuevamente el cuerpo voló por los aires, hasta hallarse con una ventana que sin problema atravesó.
Abrí mis alas y volé con rapidez hacia él, para al llegar apalear con mi puño derecho su cuerpo y hacerlo abatir contra la superficie del patio delantero. El cuerpo impactó contra el lugar y un enorme hueco se abrió en el suelo. Su cuerpo, ensangrentado y ya muerto, descansaba en él.

No hay comentarios:
Publicar un comentario