Un rápido movimiento, una llamarada de aire se alzó en el aire. Su lanza era destruida de tan solo un golpe, mis verdosos ojos estaban clavados en su mirar. Un golpe en su pecho bastó para hacerlo retroceder.
Leizar bajó la mirada solo para encontrarse con su arma hecha trizas y un monstruo frente a él. Lanzó una patada, rápidamente la bloqueé y lancé el siguiente ataque, un enorme tajo se abrió en su abdomen, un lago de sangre se formó bajo él. Alcé la vista y me coloqué justo frente a él:
- Las llamas… - Exclamó sorprendido – Las llamas de los dioses, ¿Por qué?
Rápidamente tomé su rostro y lo lancé contra el suelo, una nube de polvo se alzó y me arrimé nuevamente a él. Cerré mi puño y lancé el siguiente golpe. Con ligereza y casi sin lograrlo esquivó el ataque y se lanzó hacia mí.
Sus nudillos viajaron a una velocidad enorme y cruzaron frente a mis ojos. Rápidamente tomé su brazo, empuñé mi filosa y atravesé el filo por su garganta. Alcé la espada y mi oponente abatió de espalda:
- Maldito… Tú, que eres tan solo un ángel, posees el Kumitzu… - Dijo – Mi señor tenía razón… Eres una verdadera amenaza
El cuerpo desmoronó finalmente sin vida y la batalla acabó. Miré al frente y mi espada volvió a ser la misma de siempre. Mis alas de sobra desaparecieron y mis verdes ojos se tornaron obscuros.
Alcé la vista, el campo de batalla a mi alrededor se envolvió en un completo silencio y una enorme nube negra se formó en el cielo.
Un grito, la bruma negra encerraba todo el lugar el campo y en segundos comenzó a atacar a mis compañeros, atravesándolos con enormes brazos raquíticos y puntiagudos en la punta. Haciendo correr sangre y embarrando todo a mi alrededor. En un par de minutos el lugar se transformó en una carnicería y la escena se convirtió en una horrible escena…

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