Sus dedos presionaban ambos gatillos una y otra vez, Jessica se movía a una velocidad increíble mientras masacraba a sus enemigos. Tan solo un disparo y ellos caían de inmediato.
Sus ligeras y hermosas piernas se movían como una luz entre tanta gente. Las manos de los oficialistas intentaban tomarla, deseando su tallado cuerpo, pero de inmediato una bala los arrasaba entre los ojos. Y un chorro se sangre se alzaba en el aire.
Mientras tanto, Klaus andaba con prisa, dirigiéndose al escenario donde Zabala se hallaba. Cientos y cientos de terroristas se lanzaban contra intentando detenerlo, pero sin siquiera parar su paso los sacaba del camino y los zanjaba en un momento.
Sus rifles se alzaban en el aire y colocaban la ira sobre Klaus. La bala salía lanzada contra su cuerpo, pero este, sin el menor problema, las esquivaba de inmediato y apaleaba su cuerpo con fuerza.
Las vallas que encerraban al escenario estaban cada vez más cerca, la figura del dictador era cada vez más notoria y su ridícula sonrisa cada vez más atemorizante. Pero él no se quedaba atrás. Con una cuchilla en su mano izquierda y una enorme pistola en la derecha había acabado con miles de oficialistas en un par de minutos. Su fuerza era temible, sus golpes mortales y su acierto inhumano.
Klaus colocó su mano sobre la baranda y de un salto se encontró del otro lado de la valla. Miles de zabalistas se lanzaron contra él, con sus armas en manos y la decisión de matarlo. Un solo movimiento bastó, los cuerpos salieron embalados contra el suelo, con cortes por doquier y enormes heridas por las que fácilmente entraría una mano. Nuevamente, Klaus, había demostrado su enorme fuerza.
Dio un paso y subió un escalón. Zabala giró su rostro y su sonrisa se engrandeció más y más al verlo llegar. Escaló el siguiente escalón y luego el tercero, para entonces encontrarse en la superficie de madera. Ambos se lanzaron una mirada y dibujaron su sonrisa:
- Así que, ciertamente, la ACG ser halla aquí… ¿No es así, Klaus? – Dijo Zabala, excitado por el entorno
- Sabes que nunca perderíamos la oportunidad de matarte, maldito…
Zabala lanzó una carcajada y se colocó en posición:
- ¡Vamos!
Klaus tomó firmemente sus armas y dio un paso al frente. Aquella no sería una batalla sencilla para ninguno de los dos. Eso era lo único que estaba claro en ese momento.

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