Klaus dio un paso al frente y se embaló contra Zabala, quien lo esperaba en posición y con una sonrisa en su rostro. Sus piernas comenzaron a acometer una y otra vez contra el dictador, quien esquivaba cada uno de sus ataques. Un paso en falso, Zabala creyó esquivar el golpe, pero de inmediato el pie de Klaus abatió contra su cuerpo:
- Buen intento… - Dijo Zabala observando fijamente a Klaus a los ojos
El golpe había sido bloqueado tan solo con su mano izquierda en una fracción de segundo. Su mueca se engrandeció, Zabala cerró su puño derecho y golpeo el abdomen de Klaus, quien dio un paso hacia atrás y nuevamente tomó coraje y se lanzó al ataque.
Una cuchilla en mano, Klaus la tomó con fuerza y de inmediato sus raquíticos y largos brazos comenzaron a acompañar a sus piernas en una avalancha de golpes desesperados. Zabala, utilizando tan solo sus dos brazos, bloqueaba los golpes y contraatacaba con cuidado, castigando de vez en tanto el cuerpo de Klaus, el cual a pesar de ser apaleado no retrocedía:
- ¡Vamos Klaus! – Exclamó el dictador, para entonces agacharse y hacer impactar su pierna contra su barbilla en un abrir y cerrar de ojos
El cuerpo de Klaus abatió contra el suelo:
- Entiende que esto nunca cambiará… Nunca pudiste vencerme, ni a mí ni a Jake… - Dijo arrimándose lentamente hacia él – Y no lo harás nunca… No ha cambiado la situación desde que éramos jóvenes, tu, el menor de los tres… Siempre serás vencido…
Klaus, con rapidez y afectado por lo que Zabala decía, tomó su pistola y gatilló al momento. La bala cruzó de un lado al otro con ligereza, rozando el rostro del dictador. Zabala levantó la vista y observó a su adversario:
- Me das asco…
Zabala se lanzó al ataque y sus puños comenzaron de inmediato a dar contra el cuerpo de Klaus. La sangre saltaba con fuerza de su boca, embarrando el rostro del dictador, quien con furia apaleaba a su enemigo.
Zabala se apartó un momento, el cuerpo de Klaus estaba tan herido que ya siquiera levantarse podría. Las gafas de Klaus habían caído de su rostro y dejaban ver uno de sus ojos, un color violeta fuerte se asomaba en el mismo. Su cabello en puntos había caído por el sudor y tapaba medio rostro. La respiración era cada vez más y más lenta. Sus ojos entrecerrados apenas lograban distinguir la figura de Zabala…


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