jueves, 2 de junio de 2016

Ángel de la muerte 2nd Capítulo 21: La espesa nube

  • La nube… - Exclamé al ver aquella aterradora imagen. El campo de batalla cubierto de un color rojizo, y rodeándolo, una bruma negruzca que ya había visto antes – Es aquella nube del edificio, la que llevó a cabo aquella masacre…
De repente un gran lazo se materializó y se lanzó contra mí. Rápidamente tomé mi espada y dividí en dos aquel tentáculo. L sustancia negruzca se espacio por todo el suelo, acompañada de un chorro de sangre que se extendía de punta a punta.
Alcé la mirada, miles de extremidades aceleraban a un ritmo monstruoso, intentando tomarme vivo. Me coloqué en posición y al instante comencé a zanjar aquellos extraños brazos que me seguían a todos lados.
El cansancio me tomaba vivo, el dolor era increíble, las batallas anteriores me habían dejado casi sin aliento, pero los ataques provenían de todos lados y no paraban un segundo, si tan solo descansara un segundo… pensaba, me arrancarían y devorarían sin siquiera dejarme accionar… Debía seguir.
Empuñé con fuerza mi filosa y di un giro. El lazo que se arrimaba detrás de mi voló por los aires en forma de un cuerpo viscoso. De repente algo tomó mi brazo izquierdo. Lancé un vistazo; uno de aquellos gelatinosos brazos me aprisionaba con fuerza.
Un chillido se oyó y nuevamente giré mi rostro. Cuatro de aquellos brazos se acercaban nuevamente. Un rápido corte todas aquellas se dividieron en mil trozos. Volví mi vista al tentáculo que se aferraba a mi brazo, arrastrándome y tomando cada vez mas zona de él. Un corte fue suficiente para liberarme.
Di un paso hacia atrás y extendí mi rango de atención, ahora lo entendía; miles de aquellos brazos surgían de la bruma negra y se embalaban contra mí, nunca acabarían, mi muerte era seguro si todo seguía así.
Una pequeña brisa se acercó a mí. Bajé la mirada; Gabriel se abría paso ante mí y me empujaba, para atrás haciéndome salir del alcance de la nube. Crucé el pase y finalmente me hallé fuerza de la zona. Gabriel tomó su puntiaguda y fina espada y con tan solo un movimiento los mil brazos se convirtieron en una sinfonía de líquidos que abatían sobre el suelo:
  • ¡Aléjense! – Gritó con fuerza, para entonces abrir un enorme hueco en la bruma y salir de la zona - ¡Ahora!
Todos comenzaron a correr hacia atrás con temor. Levanté mis ojos y un destello me hizo quitar la vista un segundo. Grandes bolas formadas de las llamas de los dioses tumbaban contra la espesa nube frente a nosotros. Un enrome explosión y un fuerte esplendor se plasmó al momento. La nube negra se desintegraba, quemada por el Kumitzu y consumida por el mismo. Dentro de ella, miles de ángeles intentaban escapar, pero eran acabados por el poder de las llamaradas. La nube ya no estaba allí, al igual que miles de nuestros compañeros…

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