domingo, 5 de junio de 2016

Ángel de la muerte 2nd Capítulo 24: Rex

  • Oh, eres tú… - Pronuncié al dar la vuelta y encontrarme con que Rex, uno de mis compañeros de clase, se hallaba justo detrás de mí – Solo pasaba por aquí…
  • ¿Estas enterado de que no deberías estar en este lugar? – Dijo él
  • Ah, si… Tan solo vi que el portón estaba abierto y…
  • Mentira… - Respondió – Te observé mientras entrabas… Tú mismo abriste el portón… - Indicó para dar un paso hacia adelante
  • Tan solo quería ver
  • ¿Querías ver? ¿Acaso querías entender el desastre que habías causado?
Quedé impactado. ¿Cómo él podía saber del desastre? ¿Quién era? ¿Qué quería?
  • ¿De que estas hablando? Este desastre ocurrió por…
  • Estas mintiendo nuevamente… - Interrumpió para dar otro paso hacia adelante y comenzar a caminar lentamente – Quitémonos las máscaras, Azrael… Tú mismo causaste esto…
Su puño impactó fuertemente contra mi pecho:
  • ¡Ahora hazte cargo del desastre! – Exclamó con gran fuerza y una sonrisa de oreja a oreja en su rostro
Rápidamente el joven dio un poso al costado, alzó su pierna y una patada dio contra mi cuerpo. Mi cuerpo estalló contra el muro a nuestra izquierda.
Lancé un vistazo, el joven, con la misma sonrisa de antes, cerraba su puño y caminaba hacia mí:
  • Debes morir, Ángel de la muerte…
De inmediato, al escuchar esas palabras, me coloqué de pie; mis alas se abrieron con fuerza y la gran espada surgió en mis manos. Me lancé al ataque.
Un golpe, el filo de mi espada dio contra el muro. Rex aprovechó el momento y lanzó un golpe contra mi rostro. Mi cuerpo se desvió un centímetro, y yo, intentando acabarlo con rapidez, di la vuelta y nuevamente me embalé.
Mi espada comenzó a moverse a una velocidad inimaginable por el pasillo, dando con todo e intentando acribillar a Rex, quien esquivaba cada uno de mis golpes:
  • ¡Vamos Azrael! ¡Ataca! – Exclamé mientras se sostenía en el aire, para entonces lanzar un golpe hacia mi rostro
Esquivé el ataque, de inmediato me coloqué en posición, tomé con fuerza el mango de mi espada y corté de inmediato el brazo derecho de mi oponente. Un chorro de sangre se extendió por el muro y Rex abatió sobre el suelo. Di la vuelta, el joven se colocaba de pie lentamente:
  • Magnifico, Azrael… - Exclamó para entonces dar la vuelta y encontrarme con que, su brazo amputado era recompuesto por un brazo completamente negro, de una textura amorfa, similar a la bruma que aquel día se había alzado en el cielo del reino de los dioses – ¡Pero necesitaras mucho más que eso para vencerme!

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