Un paso al frente, las cuchillas dieron la vuelta y se incrustaron en la espalda de sus adversarios, abriendo una gran herida la cual luego rasgaría con fuerza, acabando con sus vidas.
Jimmy se colocó en posición y de inmediato alzó la vista; miles de ellos corrían con rapidez hacia él, los oficiales, armados, abrían fuego al instante y las balas comenzaban a dar contra el suelo. Una montaña de polvo se levantó en el lugar.
Él se lanzó al ataque, los policías comenzaron a caer uno tras otro, exterminados por el filo de sus cuchillas, las cuales se movían a una velocidad espeluznante. Nadie lograba atraparlo, la artillería no lograba darle y los desesperados ataques en conjunto no resultaban contra él. Estaban tratando con un demonio:
- ¡Sigan! ¡Disparen! – Decía el oficial de la cuadrilla - ¡Tan solo es un niño, no podemos ser vencidos por él!
Los oficiales, acercándose por detrás, presionaban el gatillo de su rifle y las balas nuevamente comenzaban a volar en dirección a Jimmy. Dio la vuelta y casi inmediatamente se dispuso a esquivar la llamarada de balas.
Su cuerpo cayó de rodillas, una de las balas había perforado su hombro derecho y su brazo comenzaba a teñirse de un rojo vivo. Los policías se lanzaron sobre él, con macanas en sus manos y llevados por la furia.
Los garrotazos comenzaron a abatir contra su cuerpo. Los magullones se formaban de sus piernas a su rostro y un hilo de sangre comenzaba a caer de su boca. Su cuerpo, sobre aquel frio y sucio suelo, se acurrucaba sobre sí mismo intentando protegerse de los golpes, pero le era imposible.
De repente un fuerte grito se oyó en el lugar, los civiles opositores se embalaban contra los oficiales, quienes, enfurecidos, golpeaban a Jimmy una y otra vez. Los puños comenzaron a dar contra sus rostros y las piedras eran lanzada con fuerza sobre ellos.
El fuego se abrió nuevamente y la policía comenzó a contener a los militantes. Jimmy se colocó de pie y abrió sus ojos; los civiles eran agraviados por, quienes supuestamente, debían defenderlos y protegerlos de todo mal. Los cadáveres se rejuntaban frente a él y un charco de sangre comenzaba a formarse bajo sus pies:
- ¡Malditos! – Gritó Jimmy iracundo
Con rapidez se colocó de pie y tomó varias de sus cuchillas, para entonces acomodarlas todas en ambas manos y colocarse en posición. Sus ojos se tornaron rojos, y con fuerza alzó la vista.
En un parpadeo Jimmy salió embalado contra la tropa de oficiales, quienes golpeaban y masacraban a los civiles que tan solo querían el bien para su pueblo…

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