Surgí de la esfera. El ser se hallaba allí, de pie, observándome fijamente y sin dejar de sonreír:
- ¡Borrare esa maldita sonrisa de una vez por todas!
Di un paso y las llamas se abrieron paso. Tomé mi filosa y lancé el ataque. Un enorme tajo se formó en su cuerpo y se regeneró nuevamente, para entonces cerrar su puño y lanzarse contra mí.
Sus nudillos dieron contra mi rostro, intentando lanzarme por detrás, pero sin lograr hacerlo. Lancé una patada, su cuerpo se desarmó al instante y su ojo se integró a un enorme muro de sustancia que a nuestro alrededor se alzaba. Me coloqué en posición, su ojo seguía allí, por más que no coexistiera en un cuerpo fijo, sino más en un mar de mucosidad, él seguía allí.
Empuñé mi espada. Un brazo se formó a mi izquierda y se embaló al instante. Di la vuelta, el lazo se dividió y el rojo comenzó a fluir. Pasó tan solo un instante, miles de extremidades se lanzaban contra mí a una velocidad monstruoso. Yo, encomendado por el poder de los dioses, acababa con cada una de ellas y volvía a colocarme en posición, intentando hallar aquel ojo dentro de una obscuridad imperecedera.
Dio la vuelta y di un giro, para entonces realizar un rápido movimiento y acabar con miles de aquellos brazos que seguían surgiendo por doquier. En ese momento lo vi, el ojo, se sumergía lentamente en el mar, con su mirada fija en mi e intentando ocultarse a la vez. Lancé un manotazo, en segundos el ojo era apretado con fuerza entre mis dedos:
- ¡No escaparas, maldita escoria! – Exclamé con furia
Una sonrisa comenzó a sonar y de momento un desplome se formó detrás de mí. Lancé un vistazo, millones de aquellos ardides asechaban por detrás, tomando mis brazos, mis piernas y rozando mi rostro. Abrí mis ojos con asombro, no lo podía creer, aquella sustancia, a pesar de ser cortada una y otra vez, era recompuesta, reformada, dejando de lado toda ley física, era algo inimaginable:
- ¡Maldición! – Grité. Las llamas a mi alrededor se elevaron con pudor, incinerando todo a mi alrededor y haciendo que la sustancia se apartara de momento - ¡No caeré en tus trucos otra vez, Bladel!
Rápidamente presioné el ocular con mi mano izquierda y lo lancé con fuerza. El ojo salió lanzado al aire, acompañado de un mar de sustancia que lo seguía por detrás:
- ¡Nunca lograras vencerme…!
Rápidamente tomé mi espada y realizando un ligero movimiento lancé una enromé llamarada. El mar de sustancia comenzó a arder:
- ¡No me hagas repetirlo, Bladel…!
El ojo se separó del negruzco océano sobre mi cabeza y comenzó a caer con rapidez, mientras grandes lazos de sustancia surgían de él y formaban aros, intentando reconstruir el lago ya incendiado en mis llamas, las llamas de los dioses. Agarré el mango de mi filosa con ambas manos y coloqué el filo de la misma sobre el suelo, cobrando la potencia necesaria:
- ¡Este es tú fin!
Lancé el ataque. El filo de mi espada dio contra el ojo al instante. Haciéndolo estallar, y embarrando el suelo de rojo. Acabando con el enemigo de inmediato. Quitándole la vida en un abrir y cerrar de ojos.

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