martes, 14 de junio de 2016

CMCA? “3era” Capítulo 3: Al fondo del callejón

La luna ya descansaba sobre nuestras cabezas. Tomas y yo caminábamos desde el cuartel hasta nuestros departamentos:
  • Entonces esta noche no podremos descansar mucho… - Proferí – Por suerte es mañana y no hoy, a decir verdad, estoy algo cansado…
  • A mí me da igual… Estoy acostumbrado a tener que salir cada dos o tres días por la noche…
  • Todavía no olvido que siquiera me has avisado de tantas misiones y reuniones…
  • Tu nunca preguntaste, pensé que luego de aquella batalla no querrías volver
  • ¡¿Por qué rayos pensaste eso?!
De repente un sonido se oyó en el lugar, ambos nos detuvimos y lanzamos la mirada. Un callejón oscuro y profundo, ruidos de golpes y risas se oían al otro lado. Di un paso:
  • ¿Qué piensas hacer? – Preguntó Tomas
  • No lo sé, pero no me quedaré aquí parado…
Rápidamente hurté mi cuchillo, el cual en todo momento portaba en el estuche de mi pantalón junto a mis bisturí y demás cuchillas.
Di el siguiente paso, la imagen era cada vez más notoria y los ruidos eran más fuertes, pero pasaron un par de minutos hasta que finalmente lograra distinguir algo; varios chicos, acarreando caños y pequeñas navajas se hallaban desparramados por todo el suelo. Otro, de mi misma estatura, golpeaba a los que aún se hallaban de pie y se embalaban contra él. Sus puños estaban embarrados en sangre, una sonrisa aterradora se posicionaba en su rostro:
  • Al parecer tenemos compañía… - El joven dejó caer a su víctima, la cual abatió de inmediato contra el suelo - ¿Qué estás buscando, chico?
  • ¿Qué se supone que estás haciendo? – Pregunté con la mirada sobre él - ¿Por qué los golpeas?
  • Tan solo me defiendo, esta banda de imbéciles intentó robarme… ¿Acaso siquiera puedo proteger mis pertenencias?
  • ¿Proteger tus pertenencias? – Repetí – La mayoría de estos chicos se desangran en el suelo, has causado lesiones casi mortales a cada uno de ellos… Dejando eso de lado, esa maldita sonrisa en tu rostro, ¿Realmente crees que haces esto para “proteger tus pertenencias”? ¡No me jodas!
De inmediato empuñé mi cuchilla y me lancé al ataque. Lancé el ataque, el filo de mi cortaplumas rozó la mejilla del joven, quien tomó mi brazo y detuvo mi cuerpo:
  • No te precipites, tan solo estábamos jugando…
Una pequeña mueca se formó en mi rostro:
  • Entonces déjame jugar a mí también…

No hay comentarios:

Publicar un comentario