Uno de los subordinados entró en la sala. Una enorme mesa de madera repleta de comida extravagante se lucía en toda la sala, el Don se hallaba en una de las puntas, con una copa de vino en mano manteniendo la mirada fija en el forastero:
- ¿Qué quieres? – Preguntó Dicarino
- Señor, los tres hombres que enviamos tras de Paul Darot acabaron muertos – Exclamó el hombre, preocupado
- Entonces ya no hay duda, él es el jefe de los rostros blancos… - Dijo para sí mismo para entonces lanzar una pequeña risa – Él no mentía, realmente conocía a esta persona… Llama al informante, necesito hablar con él de inmediato… Por otro lado, sigan enviando espías y ataques contra el territorio de la familia…
- De inmediato, señor…
Al otro lado del país, Martin ingresaba en la habitación de su madre; Claudia Rossi, ex presidenta de la nación:
- ¿Te encuentras bien, madre? ¿Qué requieres de mí? – Preguntó Martin, acercándose a la cama en la que ella se hallaba recostada
- Oh, hijo… - Dijo la mujer sosteniendo la mano de Martin – Dime, ¿Cómo se encuentra el partido? ¿Qué está sucediendo allí afuera?
- Sofocado, no hay movimiento partidario… Los opositores que aún siguen en las calles y protestas son acabados de inmediato por la milicia y el miedo se expande… Los rostros blancos siguen sumando terreno y las guerras de familia crecen más y más…
Claudia bajó la mirada:
- Bien, puedes retirarte…
Martin se colocó de pie y salió de la habitación. Claudia frunció el ceño:
- Esos malditos… Esos malditos me quitaron el poder y mis riquezas… - Exclamaba con fuerza – Debo hacer algo, tengo que detenerlos, no puedo quedarme de brazos cruzados…
Claudia colocó sus enormes uñas contra su frente:
- Un ataque, debo reunir nuevamente a mi partido y atacar… Pero no puedo, mi estado de salud no me deja siquiera ponerme de pie… - Decía – No hay otra opción, necesito dar el poder a mi hijo…
Las filosas uñas se hundían en la piel de la mujer mientras esta vociferaba su desagrado por la cual situación:
- Así es, no hay otra opción… - Seguía diciendo – Lo único que queda es dejar todo sobre Martin, debo tener fe…

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