Alex, Kai, Jessica, Tomas y el protervo de Uriel ingresaron a la camioneta. Di la vuelta, Klaus montaba su motocicleta y se colocaba en posición:
- ¿Realmente confían en el chico? – Pregunté – Uriel, de quien hablo…
- ¿Uriel? – Klaus soltó una pequeña risa – Déjame decirte un secreto…
Yo me arrimé a él:
- Tan solo no te confíes, ellos aún no lo saben… Supongo que tú ya te habrás dado cuenta… - Dijo él – Él es alguien de temer…
- Me lo suponía… - Di la vuelta lo observé con firmeza. Se hallaba sentado junto a Jessica, quien recostaba su cabeza contra su pecho
- Bien, yo me iré yendo, nos veremos allá…
- Está bien…
La moto salió lanzada a la ruta. Giré por completo, Kai tocó la bocina, debía apurarme. Di un paso al frente y caminé hacia el vehículo, para entonces subirme, cerras las puertas traseras de la van y emprender viaje.
El lugar era ruidoso, todos hablaban unos con otros. Mis ojos cerrados obstaculizaban la visión para poder descansar, de repente su voz comenzó a sonar:
- Y Jimmy, dime… - Exclamó, abrí mis ojos, su vista estaba pegada a mí - ¿Eres de aquí?
- Así es. - Dije cortante
- ¿Y qué edad tienes?
Quedé en silencio:
- Vamos, tan solo quiero ser tu amigo… - Dijo él. Su enfermiza sonrisa hacía querer acuchillarlo en el lugar
- Dieciséis.
- ¿Oh, Dieciséis años? Tan joven, supongo que debes vivir con tus padres aún…
Una vena comenzó a hincharse en mi cuello:
- Ellos fueron víctimas en un ataque, vivo solo…
- ¿Victimas? Es una lástima… Estoy seguro de que ellos hubieran estado orgullosos de saco de arena… ¿No es así?
De inmediato, tomado por la ira, cerré mi puño y golpeé su rostro. Su cuerpo se desparramó en su asiento, todos lanzaron una mirada sobre mí y me detuvieron a la fuerza. El maldito sonreía firmemente, su diabólica mirada aún seguía sobre mí.

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