viernes, 22 de julio de 2016

Relato de un Imperio “Segunda Temporada” Capítulo 8: Enfrentamiento

Los disparos sonaban en el lugar, las balas perforaban los cuerpos de los pretendientes, quienes asechaban contra los rostros blancos con todo lo que tenían, pero no lograban hacerle frente a su poderosa armada. Los cadáveres de los Dicarino se extendían por todo el lugar, en ese momento una sirena comenzó a oírse a lo lejos.
Ernesto alzó la mirada, un convoy de patrullas se acercaban al lugar a grandes velocidades:
  • ¡La policía! ¡Preparen sus armas! – Exclamó Ernesto, a quien se le había encargado el mando de la tropilla
Los civiles se apartaban del lugar y los coches de oficiales comenzaban a detenerse formando una barrera en el lugar. Pasaron unos segundos hasta que decenas de oficiales se hallaran frente a ellos, apuntando con firmeza y decididos a luchar:
  • ¡Ataquen!
El fuego se abrió de inmediato, las balas cruzaban de un lado al otros y la sangre comenzaba a escurrirse por el lugar. Sánchez bajó de su patrulla y tomó su revólver, para entonces cubrirse detrás de su vehículo y recargar su arma:
  • ¿Acabamos con todos? – Preguntó Martínez, arrimándose a su jefe
  • No, necesitamos información sobre esta familia, no nos vendría mal algún dato sobre la misma… - Explicó – Dejen vivir a todos los que puedan, llévenlos contra la pared y espósenlos de inmediato…
  • ¡Entendido!
Martínez dio la vuelta y se largó al ataque. Sánchez se colocó de pie, colocó su mano sobre el capó de su automóvil y dio un salto al otro lado del mismo. Sujetó su arma con firmeza y levantó la mirada.
Paso tras paso, los cadáveres abatían contra el suelo y varios de los enmascarados se lanzaban al ataque cuerpo a cuerpo. De repente un grito comenzó a sonar por delante, Sánchez dio vuelta su rostro y esquivó su puño, el cual rozó su mejilla y pasó de largo.
Un golpe en su vientre, el siguiente en su rostro para entonces tomarlo de su camisa blanca y lanzarlo contra la pared. Sánchez apuntó su arma contra él:
  • ¡Levanta las manos y quédate quieto! ¡Si te mueves no dudare en acabarte aquí mismo!
Una pequeña risa se oyó de inmediato. El enmascarado llevó su mano izquierda hacia su saco con lentitud y tomó su pistola:
  • ¡Baja las manos y suelta el arma ahora mismo! – Decía Sánchez observando a su apresado
El cañón en su frente, una risa comenzaba a sonar y el cuerpo de Sánchez comenzaba a temblar. La fría superficie de su arma comenzó a arrimarse lentamente hacia su máscara. El dedo en el gatillo era pulsado lentamente:
  • ¡No lo hagas! ¡No dispares! – Gritaba Sánchez, desesperado al ver como el hombre pretendía matarse a sí mismo
  • Nunca lo harán, nunca nos lograrán atrapar…
  • ¡Quieto!
El dedo pulsó el gatillo y la bala dio contra su rostro. Un chorro de sangre salió lanzado de la herida y embarró el suelo a su lado. El cuerpo cayó firme contra el suelo.

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