Paul se hallaba en su oficina, el día había comenzado nublado y desde entonces el clima no cambiaba. En ese momento Cortez entró en la habitación:
- Jefe, varios miembros de la familia Dicarino han ingresado en nuestro territorio y atacan a nuestros hombres
- ¿Cuántos de ellos son?
- Los datos no son claros, pero creemos que cerca de treinta y cinco – Explicó Cortez – Se encuentran ingresado por la zona oeste
- Bien… Envía dos docenas de los nuestros – Respondió Paul – Y no olvide informarle del encuentro de esta noche a James y Eric…
- ¡Entendido!
- Oh, Cortez…
- ¿Si?
- ¿El jefe de los Loredo sigue vivo? – Preguntó Paul
- Así es, señor. Como le habíamos informado, se encuentra en la sala al fondo del pasillo…
- Está bien, puede retirarse…
Paul se levantó de su asiento y salió de la sala, para entonces recorrer el pasaje y toparse con el último salón. Alzó la mirada y lanzó un vistazo por la ventanilla, el hombre se hallaba recostado en el suelo, cubierto con una pobre sabana y enrollado completamente:
- ¿Qué piensas hacer con él? – Preguntó alguien a su lado. Paul lanzó un vistazo, se trataba de William, quien se arrimaba hacia él
- No hay nada preparado hasta ahora… - Explicó Paul sin mucho entusiasmo
William miró de reojo a su jefe y lanzó un vistazo sobre el rehén:
- Esta semana ambos nos graduamos, ¿Piensas estudiar algo?
- No lo necesito… - Alegó Paul - ¿Y tú?
- Creo que puedo responderlo de la misma manera…
El lugar quedó en silencio durante unos minutos y William dio la vuelta para retirarse lentamente. Paul observó a su subordinado de lejos, mirando fijamente como su espalda se movía de un lado al otro, como su cabello saltaba con fuerza y como sus pies se adelantaban uno al otro. Paul cerró sus ojos.

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