Cortez se acercaba a la sala principal, una reunión había sido organizada en el lugar y todos los miembros de la familia estaban en la junta. El lugar estaba en completo silencio, Cortez se colocó de pie frente a sus compañeros y alzó la voz:
- Esta semana hemos logrado conquistar el terreno de los Loredo, la mayor parte de la ciudad es nuestra, nos reta la parte baja del territorio perteneciente a los Santino, pero dentro de poco creemos que vamos a lograr tomarlo. Aunque el jefe no ha dado detalles sobre esto… - Explicó Cortez – Algo más que quería decirles es que el dinero prometido por la milicia ya se halla en nuestras manos, esto puede parecer algo raro a simple vista, pero al parecer tras esto existe un efecto nacional…
- ¿Y cómo sabes eso? – Preguntó alguien de la multitud. Unos pasos al frente, se trataba de Rodrigo Sala, un miembro antiguo de la familia que desde el cambio no parecía muy conforme - ¿Cómo sabes sobre esto? ¿Acaso fue Paul quien lo dijo?
- Así es, nuestro jefe logró deducirlo analizando detalladamente la situación del país y sus conflictos económicos con las naciones vecinas
- Y dime Cortez, ¿Realmente creerás en eso? ¿Creerás en la palabra del asesino que acabó con nuestro verdadero cabecilla? ¿Y si todo esto es una trampa?
- Sala, será mejor que te calles, esto claramente no es un engaño, hemos logrado conquistar más de un cuarto del espacio geográfico nacional, nos hallamos justo detrás de la familia Santino y la policía aún no logra alcanzarnos, esto…
- ¿Y? ¿Qué quieres decir con eso? ¡¿Acaso importa que nuestra familia haya crecido de este modo?! ¡Después de todo estamos siendo liderados por un niño de secundaria! ¡No podemos seguir así! ¡Tenemos que derrocar a P aul!
Cortez, enfurecido se arrimó a Sala y lo tomó de la camisa con fuerza:
- ¡Cállate!
De inmediato el puño de Sala impactó contra el rostro de Cortez, quien dio varios pasos hacia atrás y levantó la vista. Sala dio la vuelta:
- ¡Vamos, todos saben que piensan del mismo modo! ¡Todos aquellos miembros antiguos saben de lo que hablo! ¡No podemos seguir al asesino de nuestro líder!
En ese momento Cortez se acercó por detrás y golpeo la nuca de Sala, quien cayó al suelo de inmediato:
- ¡Ya cállate!
Sala se colocó de pie con rapidez y ambos se tomaron con fuerza, el odio entre ambos crecía más y más, sus ojos, pegados uno al otro se mantenían con firmes en el lugar. De repente Paul apareció en el lugar.

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