El sol se escondió en el horizonte y la luz de la luna se alzó en el firmamento. Eric y James se hallaban en la esquina de aquella solitaria cuadra, con sus máscaras cubriendo sus rostros y esperando la llegada de los Santino, quienes habían organizado la tertulia.
Pasaron unos minutos hasta que un automóvil detuvo frente a ambos. La ventanilla se abrió lentamente y el rostro de un hombre, ya maduro, con barba y canas, vistiendo un traje negro y un sombrero sobre su cabeza, se asomó. Eric dio un paso al frente y arrimó su rostro al coche, una gota de sudor resbalaba por su rostro, después de todo, existía la posibilidad de que en ese momento una bala fuera disparada y atravesara su cuerpo, dejando solo un cadáver en la acera.
No se sabían sus verdaderas intenciones, no podían siquiera pensar en algo que no fuera un ataque. La mano de James tomaba firmemente su pistola, con su dedo casi rozando el gatillo y temblando levemente, observando con atención por si en algún momento aquello llegara a suceder:
- Tranquilos, no tengo la intención de matarlos… - Dijo el hombre para entonces dejar ver su rostro claramente
Sus ojos se abrían por completo y ojeras se dibujaban bajo ellos. Una pequeña sonrisa se trazaba en su boca y les hacía saber que podían estar tranquilos en aquel lugar:
- Supongo que ninguno de ustedes es el jefe, no sería tan descuidado como para aparecerse ante mi… Me lo suponía… - Dijo el anciano – Permítanme presentarme, soy Marcelo Santino, cabecilla de la familia del mismo nombre
Eric tomó el comunicador y lo acercó hacia la ventanilla:
- Mi jefe se comunicará con ustedes mediante este comunicador
- Oh, un comunicador… - Dijo Santino para entonces acercar el mismo hacia su boca – Disculpe Sr. Jefe, principalmente por el horario al que le he citado, sucede que realmente necesitaba comunicarme con usted…
- Marcelo Santino, ¿Verdad?
- Así es, y es un gusto hablar con usted- Afirmó – Y me gustaría conversar sobre unos temas que me andan abordando… ¿Es posible que me dé un poco de su tiempo?
- No hay problema, es esa la razón de nuestro encuentro después de todo…

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