Paso tras paso, Paul caminaba lentamente por la orilla de la calle, regresado de la ceremonia de graduación. Grandes nubes se alzaban en el firmamento, coloreándolo de un afligido gris. Un vistazo de reojo, un coche que se hallaba a poco más de diez metros recorría a velocidades mínimas:
- Ese vehículo, se halla detrás de mi hace ya un rato… - Se dijo a sí mismo - ¿Podría ser que...? Da igual…
Paul volvió la mirada al camino y siguió su trayecto.
De repente un fuerte sonido se oyó por detrás, Paul giró su cuerpo y sus ojos se abrieron completamente; el vehículo se lanzaba contra él con pujanza. Un paso atrás, el cuerpo de Paul cayó de espaldas contra el suelo y rodó en el momento.
Alzó la vista, tres hombres bajaban del coche y se arrimaban rápidamente hacia él. Camisas negras, sonrisas de oreja a oreja y boinas de mismo tono:
- Estos ropajes… ¿Los Dicarino? – Se preguntó Paul
Una pequeña risa, un feroz movimiento, los nudillos arremetieron contra el rostro de Paul de inmediato. Su rostro impactó contra el suelo y miró de reojo, una de sus manos se acercaba hacia él, tomando con fuerza su camisa y elevándolo al momento. Un golpe, el hinojo del hombre dio contra su pecho y un hilo de sangre colgó de su labio. El impulso se dio de reversa y su cuerpo fue lanzado al suelo, rozando contra un muro por detrás:
- ¿Este es el chico?
- Así es, Paul Darot… Sus características son las planteadas por el jefe…
Paul inyectó sus dedos en la húmeda tierra bajo él, un dolor inaguantable lo tomaba desde lo bajo. Concentró su mente, Paul debía escapar, ese no podía ser su fin. Una rápida mirada, una roca descansaba a unos metros de él:
- Entonces podemos acabarlo, ¿No es así?
- Si, el jefe no dio más especificaciones que estas… - Explicó quien se encontraba al centro del trio - ¡Oye, niño! ¡Levántate, hemos venido por ti!
Paul se levantó lentamente y miró desde lo bajo a sus agresores. Un paso hacia adelante, un salvaje salto y la roca impactó contra su cráneo, una enrome herida se abría en la cabeza del hombre “cabecilla”, un gran chorro de sangre se elevaba en el aire, el cuerpo caía lentamente y la piedra comenzaba a gotear el líquido rojo que en su filo se había coloreado.
Ambos hombres quedaron inmóviles, su compañero había caído y seguramente nunca volvería a estar de pie, había acabado con su vida en un instante:
- ¡Maldito! – Ambos se lanzaron al ataque

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