Una malévola risa. Héctor Ramírez, cabecilla de la familia Doble, sonreía de oreja a oreja mientras empuñaba una gran arma entre sus armas:
- Finalmente… - Decía entre risas - ¡Nuestra familia está creciendo!
Un rápido movimiento, Ramírez elevó el cañón de su pistola y apunto a un antiguo cuadro en el muro de la habitación. Un disparo, la bala traspasó el retrato de inmediato, la foto del antiguo jefe era atravesada por el disparo del actual:
- Luego de tanto tiempo… La familia que el imbécil de mi abuelo fundó y me fue heredada ¡Finalmente da frutos!
Héctor se colocó de pie con rapidez, se acercó a un mueble cerca de su escritorio, tomó un gran vaso de vidrio, una botella de wiski y dio un gran trago. Las gotas caían por su rostro, una mirada enloquecida, el alcohol en su sangre:
- ¡James! – Gritó de inmediato. Un chico de cabello rubio se asomó puerta la puerta y observó a su jefe – James, manda algunos de mis hombres a cada extremo de mi territorio… Necesito que vigilen día y noche
- Señor, si me disculpa creo que deberíamos reforzar más el cuartel. No tenemos muchos hombres, murieron demasiados en la batalla
- ¿Acaso piensas contradecirme?
- No, solo digo que…
Héctor dio la vuelta, cerró su puño con fuerza y apaleo el rostro de su subordinado. James abatió sobre el suelo, un hilo de sangre colgaba de su boca:
- ¡Solo has lo que te digo! ¡Maldición!
- Bien…
Lejos del lugar, el oficial Martínez seguía con la investigación sobre la familia recientemente desaparecida. El cansancio lo tomaba vivo, la noche se había pasado entre tazas y tazas de café. Grandes ojos y redondos como monedas, ojeras bajo ellos que llamaban la atención de gran forma. El uniforme mal colocado, arrugado y hasta malgastado. Cabello desalineado, alborotado y sucio.
Alguien entró en la oficina, Carlos dio la vuelta. Su secretario, el oficial Suarez lanzó una mirada y quedó boquiabierto:
- ¿Señor?
- ¿Qué quieres? – Expuso Martínez, con grandes sumas de hojas en la mano, algunas esparcidas por el suelo y arrugadas por el descuido
- ¿Ha pasado toda la noche en ese estado? ¿Ha que quiere llegar?
- ¿Acaso no es obvio?
- Señor, debe dormir, debe entender que la familia desapareció – Explicó – Por más que busques en cualquier lugar, no hay más información, esto es lo que hay, la milicia acabo con todo y no puede…
- ¡Claro que no! – Gritó desesperado – Ellos siguen allí…
- ¿Y porque cree eso? No tiene pruebas…
Carlos tomó una hoja de su escritorio y la arrojó hacia su secretario. En ella, surgía la imagen de un chico cualquiera, Paul acompañado de John, ambos en un vehículo negro, ambos armados y doblando en la esquina de una calle:
- Esa fotografía fue tomada el día del ataque a la familia Maderos – Explicó Martínez
- ¿Y?
- Ese chico, estoy seguro de haberlo visto en algún lugar…
- Esto no prueba nada, señor…
- Claro que sí, solo debo encontrar el documento, ese chico es el secreto, ese es el secreto de todo el juego…

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