miércoles, 20 de abril de 2016

Relato de un Imperio Capítulo 25: La caída del lado oeste

Un convoy de camiones se adentraba en la zona. La entrada del cuartel eras rodeado por grandes cantidades de militares. Una enorme explosión, la caída de uno de los muros de la estructura, acompañada de una nube de humo y varias docenas de militares, que entraban armados al lugar.
Las balas comenzaban a viajar de un lado al otro, la milicia acababa con cada uno de los miembros de la familia. Haciendo estallar el lugar, masacrando con furia a todo aquel que vistiera de saco negro. La sangre se dispersaba por todo el suelo, el fuego comenzaba a consumir todo el edificio.
Al otro lado de la ciudad, el antes cuartel de la familia maderos, ahora perteneciente a la familia del lado oeste, de ningún modo se hallaba en mejor estado. Aludes de balas arrasaban el lugar, los hombres eran acabados en solo unos minutos. La imbatible fuerza de la milicia contra una pequeña familia, y aquella masacre no acabaría hasta que todos sucumbieran.
El cabecilla de la familia, con el rostro de siempre, pútrido, frenético. Con sus enormes manos bajo los bolsillos de su magno saco, recostado sobre la espada y alzándose en el aire. Sus cabellos de un tono amarillento y con puntas blancuzcas, Levantó la mirada, uno de los miembros de la familia oeste, quien se arrastraba con dolor por el suelo, intentando escapar de aquella horripilante escena.
El hombre frunció el ceño y de inmediato tomó al herido de sus cabellos, para entonces hacerlo estallar contra uno de los muros. Una enorme mancha de sangre se estiró por todo el muro:
  • ¡Esta es su recompensa! – Exclamó el cabecilla, aun sosteniendo el cadáver del lacerado - ¡Esto es lo que obtienen por alzarse contra nosotros, repugnantes seres!
Un golpe, el cuerpo del miembro era aplastado con fuerza por la pierna izquierda del hombre. Siendo lanzado contra el suelo, golpeando contra él una y otra vez, marcando el camino de su caída:
  • ¡Esto es lo que obtienen por alzarse frente a sus dioses! – Gritó para entonces dibujar una enorme sonrisa en su rostro
El cabecilla dejó caer sus puños envueltos en sangre y nuevamente guardarlos en su saco:
  • Señor… - Exclamó alguien por detrás
  • ¿Qué quieres?
  • Al parecer ya hemos acabado con todos, todos los miembros de la familia han sido asesinados y ambos carteles fueron arruinados…
  • Bien… - Dijo – Es hora de marcharnos…
  • ¿Y qué sucederá con el territorio?
  • ¿El territorio? – Repitió – Solo déjenoslo, supongo que será tomado por alguna familia luego de esto…
  • Entendido…

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