De repente un explosivo aterrizó en el lugar. Varios oficiales se alzaron en el suelo por el impacto. Los vehículos daban un giro y abatían contra el suelo con fuerza. Los policías que aún seguían con vida, se cubrían detrás de sus coches ya despedazados por la explosión, observando con cautela y cuidándose del ataque. No pasó mucho tiempo hasta que la familia del lado oeste tomara un movimiento atacante y rodeara a los oficiales restantes.
El dedo en el gatillo y las balas comenzaron a perforar su cuerpo uno por uno, las llamas del estallido se alzaban en lo alto, dando un fugaz color al ambiente. Al instante un enorme camión se enredó entre las llamas y estacionó justo en el lugar.
Ernesto dio la vuelta y gritó con fuerza:
- ¡Rápido! ¡Suban todo y larguémonos se aquí!
Al momento, Eric y varios hombres más, comenzaron a tomar con pujanza a sus enemigos y hacerlos entrar en la parte trasera del vehículo. Mientras, un par más de ellos, tomaban en sus hombres grandes cajones llenos de fusiles y cajas de dinero que se desparramaba por cada paso que daban.
Pasaron poco menos de veinte minutos hasta que todo estuviera listo. Ernesto y cuatro hombres más corrieron a uno de los coches aun sanos de su familia y se largaron del lugar. El grupo que quedaba de hombres, se organizó en el enorme camión y siguió el paso del vehículo por delante. La batalla había acabado, y ahora aquel territorio por el que tanto habían luchado, era suyo.

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