El ventarrón de municiones seguía golpeando el muro con fuerza. Una diabólica sonrisa seguía sonando en el lugar. Sánchez se detuvo un momento y alzó su arma con rapidez, tomó otro de sus cartuchos y lo levantó como para recargar la metralleta. Cortez, tomando ventaja del momento, dio la vuelta y apretón ligereza el gatillo.
El brazo derecho de Sánchez se lanzó hacia atrás y la bala perforó su antebrazo, un chorro de sangre comenzaba a empapar su camisa:
- ¡Maldito!
El hombre, furioso, tomó con su único brazo sano la metralleta y pulsó el gatillo. Las balas comenzaron a estallar nuevamente, esta vez, justo en el muro donde Cortez se resguardaba.
Paul dio un paso, tomó su pistola y dio un disparo. La bala impactó en el pecho del enemigo y lo obligo a retroceder un par de pasos. Otro disparo, esta vez en la muñeca izquierda de Sánchez, un fuerte grito retumbó en la habitación. El hombre observó a Paul con furia, quien se colocaba de pie y se situaba en posición.
Desatado por la ira y a punto de morir, Sánchez tomó con las ultimas fuerzas de su brazo derecho, una enorme cuchilla que se hallaba incrustado en el muro. Se colocó de pie sobre el escritorio, lanzó una mirada sobre Paul y dio un salto hacia él.
Paul levantó con tranquilidad su pistola, la colocó en el lugar y oprimió el percusor. La bala viajo a una velocidad cercana a los mil cien kilómetros por segundos y dio justo en la frente del enemigo. El cuerpo cayó al suelo, empapado en sangre y ya sin vida.

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