viernes, 8 de abril de 2016

Relato de un Imperio Capítulo 15: Ataque al fortín

El humo de sus cigarros se esparcía por toda la habitación. Cartas de póker sobre la mesa y fuertes tragos en las manos de cada uno. Sus camisas afuera, risas exageradas que no dejaban ni pensar, era una tarde como todas las otras en el fortín de los Maderos, llena de alcohol, puros y peleas sin sentido.
De repente una pequeña ventana estallo en pedazos, todos dirigieron con rapidez su mirada hacia ella. Los fragmentos de vidrio caían contra el suelo y estallaban reiteradamente. No pasaron más de un par de segundos hasta que la siguiente también explotó y ante un silbido casi indetectable un charco de sangre se alzó en el aire. Todos observaron al instante y la tercera ventana también voló en pedazos:
  • ¡Nos están disparando! ¡Es un ataque! – Gritó uno de ellos mientras se levantaba de su silla y se unía a la corrida junto a todos los demás
Los cuerpos comenzaban a caer uno por uno. La entrada se abrió en dos, nadie giró su rostro, tan solo sintieron un par de disparos y a sus compañeros ser heridos por los atacantes. Paul, junto a toda su familia, caminaba lentamente por la sala, haciendo caer a cada uno de sus enemigos. John, con un rifle de asalto en su poder, cubría a su jefe y hacia volar estallar el cuerpo de los enemigos.
El contraataque no tardó en llegar, y en cuestión de minutos miembros de la familia madero rodeaban y abren fuego contra la familia del oeste. Paul lanzó una mirada, varios oponentes disparaban desde la primera planta, intentando ocultarse entre los barrotes de la escalera.
Paul tomó su pistola y apuntó con cuidado, segundos después el fuego de planta alta se acabó. Un paso hacia delante y el pie contrario atravesándolo por al lado. Paul comenzó a subir las grandes escaleras de madera que dirigían a la planta alta. Un par de hombres de camisa y tirantes se acercaron y apuntaron con rapidez. Tres tiros al aire bastaron para acabar con ellos.
Mientras tanto, en la planta baja el lugar era un campo de batalla. Los disparos provenían desde ambos lados de la habitación. Metralletas, rifles y pistolas se hacían sonar al ritmo de la muerte. Las balas atravesaban los cuerpos del bando contrario y un lago de sangre comenzaba a formarse. Un ligero jazz sonaba por detrás, mientras la muerte perseguía a los hombres y los miraba cara a cara.
Paul giró su rostro, una puerta de firme madera escocesa estaba cerrada por completo. Varios pasos comenzaron a sonar por debajo, John caminaba hacia él, defendiéndose del fuego enemigo escalón por escalón:
  • Yo también iré…

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