martes, 12 de abril de 2016

Relato de un Imperio Capítulo 19: El choque de Maderos (Parte IV)

  • No creo que debamos irnos… - Dijo Paul mientras John conducía el vehículo, escapando de la escena. Cortez lanzó una mirada sobre Paul
  • ¿Por qué lo dices?
  • Son demasiados, no podrán con ellos… - Expuso el chico observando su pistola con cautela – Además, no podemos dejar de lado que en ese lugar está la gran mayoría de nuestra familia, no podemos perder tal cantidad de miembros…
John quedó en silencio un momento y volvía su vista al camino:
  • Si me permites, Jefe, creo que estas ensoberbeciendo a mis hombres… - Exclamó Cortez – No deberías subestimarlos…
Mientras tanto, en el cuartel de los Maderos, los disparos seguían abatiendo sobre ambos lados. Eric, quien cuidaba las dos docenas de enemigos que se hallaban secuestrados, tiritaba al ver como una simple disputa de familia se transformaba en una masacre.
Los oficiales, fuego abierto hacia los asaltantes, era rodeado por tormentas de balas que hacen volar sus vehículos, estallar sus sesos e inutilizar sus extremidades:
  • ¡Vamos! ¡No se detengan! – Exclamaba el oficial mayor mientras abaleaba a varios adversarios
Ernesto dio la vuelta, uno de sus hombres se arrimaba hacia él:
  • Ernesto, hallamos la habitación monetaria y los armamentos del cuartel – Dijo el hombre - ¿Qué haremos con ellas?
  • ¡Tráiganlas! ¡El camión llegará en unos minutos!
  • ¡Bien!
Las balas seguían sonando. Granadas y explosivos eran lanzados contra el edificio, formando una nube de polvo y una montaña de escombros. Los miembros de la familia tosían un momento y volvían al ataque. Los oficiales armados hasta los talones, comenzaban a entrar en el lugar y disparaban contra todo aquello que se moviera. Eric alzó la vista, uno de ellos se acercaba lentamente hacia él. Su cañón en lo alto, su dedo en el gatillo, estaba a punto de hacer plomo su cuerpo.
Un movimiento desesperado, Eric, temblequeando y lleno de miedo, tomó su metralleta y con ligereza presionó el gatillo. Las balas comenzaron a perforar su cuerpo, una por una, haciéndolo bailar y embarrarse de sangre. Su cadáver cayó al suelo, una pequeña sonrisa se dibujó en el rostro de Eric:
  • Estoy vivo…

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