Decenas de patrullas circulaban por las calles, a gran velocidad y con las sirenas sonando, dirigiéndose todas al mismo sitio, el fortín de la familia Maderos. Un repentino freno, el primer vehículo en llegar a la escena se deslizó por la calle y se posicionó justo frente a la puerta principal, justo al lado de varios coches negros que parecían ser de los atacantes.
William lanzó un vistazo por la mira telescópica, uno de los oficiales salía de la patrulla y se colocaba en posición. Presionó el gatillo, el cadáver del oficial cayó empapado en sangre al suelo. Todos dieron la vuelta:
- ¡Francotiradores a la vista! ¡Permiso para abrir fuego! – Gritó el general de la cuadrilla
Varios policías tomaron sus rifles y de inmediato comenzaron a disparar una y otra vez hacia William, quien acababa a todos ellos, uno por uno.
Mientras tanto, en la primera planta del fortín, John y Paul estaban listos para terminar el ataque. Paul se arrimó a la puerta y con ligereza y firmeza la abrió de un golpe. John y Paul tomaron sus armas y entraron a la sala. Jose Sánchez, la cabeza de la familia, se hallaba tras un gran escritorio de madera, pensando, con la cabeza agacha y un rostro de preocupación invadiéndolo.
Levantó la cabeza y una enrome sonrisa se posicionó en su rostro:
- Será mejor que te rindas, Sánchez… No puedes escapar de aquí… - Explicó Cortez apuntando al hombre re con su rifle en mano
Sánchez, conmocionado por la repentina entrada, lanzó una pequeña risa y los observó fijamente:
- ¡Ni lo pienses maldito! – Vociferó mientras tomaba una gran metralleta que escondía tras el mueble
El dedo en el gatillo, las balas comenzaron a golpear la pared. John dio la vuelta y de inmediato se cubrió tras la pared. Paul, rodó por el suelo y se refugió tras un armario de madera. El sonido de la metralleta encendida, las balas haciendo estallar muebles y cuadro, destruyendo por completo la habitación, una terrorífica sonrisa en su rostro, una bizarra escena que en minutos se transformaría en un siniestro duelo entre dos familias.
En la planta baja, la música seguía sonando, ambas familias se golpeaban y se mataban unos a otros. Una tormenta de disparos provenía de ambos lados del lugar. En ese momento uno de los hombres se acercó a Solud:
- Ernesto, los oficiales acaban de llegar… - Exclamó – El chico del rifle los está manteniendo, pero varios de ellos parecen listos para abrir fuego contra nosotros
- Bien, bajen las armas, no maten a ninguno más, el nuevo jefe nos solicitó tomar cautivos a varios de ellos. Atenlos y tírenlos contra la pared, los demás ocúpense de la policía
- ¡Entendido!

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