sábado, 30 de abril de 2016

Relato de un Imperio Capítulo 35: Verdad

  • Finalmente, oficial Martínez… - Dijo el cabecilla con una gran sonrisa en su rostro
  • ¿Qué quieres? Albert – Preguntó el oficial
El cabecilla, al oír las palabras de Martínez, realizó un rápido movimiento y tomó del cuello al oficial. Para entonces levantarlo en el aire y mirarlo fijamente:
  • Tu sabes bien lo que quiero… - Exclamó – Tu investigación, sobre la familia del lado oeste estoy hablando… ¿Qué crees que estás haciendo?
  • No creo que debas meterte en problemas que no te incumben…
Albert, presionó con fuerza el buche de Martínez y lo lanzó contra uno de los muros:
  • ¡Recuerda con quien estás hablando! – Exclamó - ¡Su país está bajo nuestro control! ¡Todo lo que suceda aquí es de nuestra incumbencia!
  • No me digas… Lo único que realmente hacen es masacrar a nuestros habitantes… - Expuso – Eso no es control…
El cabecilla, furioso por las verdades que salían de la boca del oficial, se colocó en posición y poeto el abdomen de Carlos, castigando su ya estropeado cuerpo. Un chorro de sangre se colgó de sus labios y su mirada se detuvo en su enemigo.
Martínez lanzó una carcajada, para entonces mirar fijo al militar y sonreír de oreja a oreja:
  • ¿Cómo podrías tu controlar un país ajeno si solo sabes matar personas? – Siguió explicando – No deberíamos confundir las cosas de tal manera… Y tú, principalmente, no deberías involucrarte en nuestras investigaciones…
  • ¡Ya deberías saberlo! ¡La policía no debe involucrarse en nuestros asuntos!
  • Claro, piensan que sin datos específicos que salgan a la luz no se sabrá la verdad de la milicia… Lo siento, pero de nada servirá, las mismas personas tiemblan al verlos, porque entienden que no son más que monstruos que en algún momento vendrán y los acabarán en un segundo, a ellos y a toda su familia...
El cabecilla, aun molesto por el suceso, tomó su pistola y la colocó justo frente al oficial Martínez:
  • ¡Eso es lo que sucede cuando un país se endeuda! ¡Cae en desgracia! ¡Ustedes lo sabían, su gobernante es la causante de todo esto!
  • Claro que lo entiendo… - Dijo el oficial – Ahora vamos, dispara… Vuela mi cabeza en mil pedazos…
La mano del militar comenzó a temblar con fuerza. El cañón de su pistola, movimientos de un lado a otro, comenzó lentamente a alejarse del oficial, hasta que finalmente entró nuevamente en el saco del cabecilla:
  • Mi mensaje ya está dado… Deja esa investigación o volveremos…
El Albert Montecarlo dio la vuelta, alzó la mano y dio la orden de retirarse.

viernes, 29 de abril de 2016

Relato de un Imperio Capítulo 34: Acometida militar

La gente transitaba sosegadamente por el lugar, el cielo se tornaba gris, tomando el amargo color de las cenizas. Pasó un momento. A la vuelta, un metálico y gran camión se acercaba a gran velocidad. Las personas dieron la vuelta y lanzaron una mirada. Un grito desesperante se oyó en el lugar.
El vehículo estacionó justo frente al edificio y varios hombres de uniforme rojizo comenzaron a bajar. La multitud, aterrada por el suceso, corría por su vida, al ver a la milicia detenerse frente al cuartel policial de la zona. El cabecilla dio un paso y entró en el lugar.
Una sonrisa en su rostro, una mirada descontrolada y un enorme cigarro entre sus labios:
  • ¡Ya llegamos malditos! – Exclamó entre humeadas
Varios oficiales, quienes se hallaban en la sala, dieron la vuelta y se paralizaron de inmediato. Tras el cabecilla, cientos de militares, formados a la perfección y observando neutramente, se preparaban para comenzar el ataque.
Uno de los oficiales, con un rifle en sus manos, se acercó hacia el cabecilla y con rapidez lo miró a los ojos:
  • Señor, ¿Cuál es el motivo de su visita? – Preguntó formalmente
El cabecilla, lanzó una rápida mirada sobre el oficial frente a él y lanzó una carcajada, para entonces tomar su magno revolver lanzó el disparo. Segundos después, la sangre del oficial empapaba el muro tras él. Y, el cadáver del oficial, abatía contra el suelo:
  • No te metas en mis asuntos maldita cucaracha… Quiero hablar con su jefe…
Al instante, varios pasos comenzaron a sonar en la sala. El cabecilla giró su rostro. El oficial Martínez, se hallaba frente a él.

jueves, 28 de abril de 2016

Relato de un Imperio Capítulo 33: Petición

  • ¿Y porque lo asesinaron…?
James alzó la vista y observó a Paul con firmeza:
  • ¿Perdón?
  • El cabecilla de su familia, entiendo que fuiste tú quien lo asesino… ¿Por qué?
  • ¿Acaso tiene valor esa información?
  • Mas para dejarlo pasar… - Explicó Paul, sentado frente a él, con sus manos cruzadas y la mirada fija
  • Bien… - Dijo él – Héctor Ramírez, nuestro anterior jefe, como usted sabe, no solo era un asesino con influencias drogadictas como todos lo conocían. Él, también, tenía graves problemas mentales…
  • ¿De que estas hablando?
  • Era un psicópata descontrolado… Con lanzamientos vehementes continuos, maltratador y hasta torturador no solo de sus enemigos, también de sus hombres…
  • ¿Y esto puede ser probado?
  • Claro que sí, el poseí… - Indicó James para quedarse con las palabras en la boca
  • Bien, puedes retirarte…
James quedó en silencio un momento y abrió sus ojos con fuerza:
  • Disculpe, pero aún…
  • Solo cállate y dile a todos tus compañeros que preparen sus cosas… Están adentro…
Todos en la sala quedaron de inmediato en pleno silencio. John, quien miraba a su jefe, dibujó una pequeña sonrisa en su rostro. James, con una mueca de oreja a oreja, se levantó de su silla y se paró frente a su nuevo cabecilla:
  • Muchas gracias, señor… - Dijo para entonces dar la vuelta y, con ligereza, abandonar la habitación
John se acercó a su jefe:
  • Entonces, ahora que recuperamos nuestro terreno… ¿Cuál es su siguiente orden?
  • Por ahora pueden estar tranquilos… Mientras sea con sus rostros ocultos tienen libertad de hacer cualquier cosa durante la próxima semana… - Explicó Paul
  • Entendido…

miércoles, 27 de abril de 2016

Relato de un Imperio Capítulo 32: Reconquistando (Parte III)

El grito se hizo eterno. Los miembros de la familia Doble, aclamaban emocionados la muerte de su cabecilla, quien, en el suelo, se bañaba en su propia sangre. John lazó un vistazo, el chico, aun con el fierro entre manos, dio unos pasos y se arrimó hacia él, para entonces tenderle la mano. Cortez alzó la mirada un segundo, las lágrimas brotaban a cantaros de sus ojos:
  • Gracias – Exclamó el chico
John, sin entender el agradecimiento, pero siendo tocado por sus sentimientos, tomó la mano del chico y lentamente se colocó de pie. De inmediato dos miembros enmascarados corrieron a auxiliarlo, luego de notar su falta de fuerza y energía.
Ambos hicieron girar a John, quien dio la vuelta, dejando grandes manchas de sangre por todo el suelo:
  • Esperen… - Los detuvo el chico – Necesito saber algo primero… ¿Quiénes son?
  • ¿Nosotros? – Respondió Cortez, para entonces darla vuelta – Nadie en especial… Solo una familia que se lanzó al campo de batalla…
Nuevamente volvieron a girar, John comenzó a alejarse poco a poco, siendo sostenido por sus dos hombres, quienes lo tomaban con fuerza, impidiéndole caer:
  • ¡Acaso…! - Interrumpió nuevamente - ¿Acaso puede haber un espacio en su familia, para un grupo de abandonados?
Por segunda vez sus pies se detuvieron y Cortez lanzó una mirada de reojo. Eran decenas de ellos, quienes lo observaban con tristeza y alegría a la vez, rogando a su persona:
  • Lo siento… Pero esa no es mi decisión… - Explicó. Los rostros de todo se empobrecieron – Pero solo esperen… Estoy seguro de que si lo habrá…

martes, 26 de abril de 2016

Relato de un Imperio Capítulo 31: Reconquistando (Parte II)

El cuerpo de John salió lanzado hacia atrás, la bala abría una enorme herida en su omóplato derecho. Un chorro de sangre se alzó en el aire. Una sonrisa maligna se formó en su rostro:
  • ¡Muere!
Cortez abrió los ojos, su adversario, lo observaba con odio, dándolo ya por muerto. Un paso hacia atrás, John se colocó de pie, y miró fijamente a Ramírez. Un paso hacia adelante, Cortez se dirigió hacia su enemigo, empuñó de su saquillo izquierdo una filosa perica y sin pensar siquiera se lanzó al ataque.
Una vertiginosa inclinación y un tajo se abrió en el pecho de Héctor, quien de inmediato apaleó el rostro de su enemigo, lanzándolo nuevamente hacia atrás. La mirada desviada, el cuerpo de Ramírez cayó de rodillas al suelo, con su derecha en la herida, cubriéndola y embarrándose de rojo.
La sonrisa de su rostro se fue borrando poco a poco, sus ojos se cerraban. Jon se colocó de pie, herido, pero no en un estado crítico. Un respiro, Cortez respiró un momento y dio un paso hacia atrás, para entonces enterarse de su herida. Las miradas se cruzaron, ambos, dañados uno por el otro, pero aún con un odio profundo por su enemigo.
Un repentino meneo, ambos se colocaron en posición y apretaron sus dientes. Un paso hacia adelante y la corrida comenzó, los golpes comenzaron a abatir sobre ambos, sus puños se cruzaban, se movían con ligereza, siendo magullados por el contrario a la vez que ellos lo hacían. Manchas de sangre se extendían por todo el lugar, el cansancio los comía lentamente. Ambos dieron un paso por detrás y se alejaron unos metros del adversario, tan solo para descansar un momento y lanzar el siguiente grito.
De repente un gran eco y un destello se vio en el lugar. Momentos después el cuerpo caían con fuerza sobre el suelo, su cráneo, recubierto de rojo vivo, había sido completamente destrozado por el porrazo. John alzó la mirada y sus ojos se abrieron completamente. Uno de sus subordinados había atacado sin pensarlo.
Una gran sonrisa en su rostro, un gran caño de hierro, encastrado en sangre entre sus manos, con el que había destrozado a su jefe. John dio un respiro y se dejó caer al suelo. James, el ejecutor que había linchado a su propio cabecilla, alzó las manos y lanzó un grito en señal de victoria. Los disparos se detuvieron un momento, una enorme sonrisa se dibujó en los rostros de todos los miembros, quienes siguieron a su compañero y loaron con pujanza.

lunes, 25 de abril de 2016

Relato de un Imperio Capítulo 30: Reconquistando (Parte I)

  • ¡Fuego!
Millones de balas se cruzaron de extremo a extremo. El ruido de las armas retumbando en el lugar. Los heridos cayendo al suelo al instante de ser abaleados. El doloroso grito de los miembros. Ambas familias atacaban una a la otra.
El suelo se teñía de rojo, la sangre se abría paso entre los cuerpos. Las lágrimas abatían sobre el suelo. Ramírez dio un paso, tomó su rifle y apretó el gatillo. La bala atravesó el cráneo de un contrario, haciendo saltar un chorro de rojo y caer de inmediato.
Un disparo, la bala impactó en el pecho de Héctor, quien levantó la vista de inmediato. Alguien, al otro lado de la sala, lo observaba fijamente. Su masacra blanca ocultaba su rostro, dando paso a varias líneas obscuras que se trazaban en la mismo. Un sombrero en su cabeza, un gran abrigo negruzco, John Cortez, quien se ocultaba tras la máscara, defendía a sus hombres con una única pistola en su mano.
Héctor lo miró con furia y tomó su rifle. El cartucho salió al aire y la bala salió lanzada hacia Cortez, quien se movió con ligereza y esquivó la misma. Un paso hacia adelante, John comenzó a correr hacia su enemigo, con su arma en mano y sus ojos repletos de energía. Ramírez frunció el ceño, para entonces colocarse en posición y lanzar un grito. Nuevamente una bala fue disparada.
Se inclinó con rapidez, la bala rozó su sombrero. John se deslizó hacia su adversario, su puño cerrado, la mirada fija y las energías altas. Un salto, el puño de John aterrizó sobre el mentón del cabecilla, quien salió lanzado unos metros hacia atrás y dio contra el suelo.
Alzó la mirada, el enmascarado lo observaba detenidamente, de pie frente a él, manteniendo la cabeza agacha, rodeado por un peligroso aura. Un rápido movimiento, Héctor pateo el abdomen de Cortez, quien se alejó unos metros por el impulso dando lugar a que Ramírez se colocara de pie:
  • Tal vez tuviste suerte antes… - Dijo Héctor - ¡Pero no pasará dos veces!
Ramírez cerró su puño, dio un paso hacia adelante y se lanzó contra John. Un golpe, el rostro de John era apaleado con fuerza. Lanzado hacia atrás y recobrando la postura. Cortez se lanzó al contraataque, lanzando una magna patada y golpeando el hombre de Héctor. Un deslizamiento, Héctor se colocó en posición, justo a tiempo para recibir un inmediato disparo en su mano.
Un chorro de sangre se extendió por el suelo, un fuerte grito proveniente de Ramírez comenzó a sonar. John dio el momento, cerro su puño y de inmediato impartió una paliza a su enemigo. Haciéndolo retroceder.
La mirada directa, la furia se dibujaba en su rostro, un hilo de sangre colgaba de sus labios. Héctor dio un paso hacia atrás, realizó un rápido movimiento y al instante tomó su rifle, para segundos después presionar el gatillo…

domingo, 24 de abril de 2016

Relato de un Imperio Capítulo 29: Problema

James entró con ligereza a la oficina del cabecilla, Héctor:
  • ¡Señor! ¡Tenemos un problema!
Héctor solevantó con rapidez de su silla y se acercó a James:
  • ¿Qué dices? ¿Un problema?
  • Los miembros que fueron enviados a los rincones de la zona, todos fueron atacados…
  • ¡¿Qué?! – Gritó Héctor, furioso - ¿Cuál es su estado? ¿Quién lo hizo?
  • Aún no sabemos quién fue, pero es fuerte, todos nuestros hombres fueron derrotados…
Héctor cerró su puño y lanzó un golpe contra su escritorio. El sonido retumbó en la habitación. James observaba detenidamente a su jefe, furioso por la noticia y atemorizado al no poder creer lo que estaba escuchando:
  • Búsquenlos, ahora mismo… - Exclamó - ¡No los dejen salirse con la suya!
De repente un magno sonido se escuchó en el lugar. James y Héctor salieron con rapidez de la sala, solo para encontrarse con la peor imagen posible. Un automóvil había entrado en el lugar, y, había estallado acabando con la vida de varios hombres:
  • ¡Rápido, tomen sus armas! – Gritó Ramírez con fuerza. Para entonces dar la vuelta, acercarse a un gran armario, abrir ambas puertas y tomar de él un gran y antiguo rifle - ¡Estamos bajo ataque!
Un revuelto se produjo en el lugar. Los restantes miembros de la familia, se armaban de pies a cabeza y rodeaban la entrada del lugar. Temblequeando por el miedo y queriendo escapar de inmediato, pero seguían allí, defendiendo su honor.
En ese momento un segundo vehículo entró en el lugar, impactando contra un enorme muro, haciendo caer montañas de escombros. De inmediato, los miembros, abrieron fuego contra el enemigo, haciendo golpear sus balas contra el vehículo que aceleraba hacia ellos. El vehículo dio un giro y derrapó en el lugar, al instante varios hombres de negro, con sus rostros cubiertos de máscaras blancas, bajaron del móvil y se colocaron en posición, apuntando cañón hacia sus enemigos.
Un silencio absoluto se formó en el lugar. Decenas de vehículos seguían entrando al edificio, colchándose uno al lado del otro y repitiendo la misma acción que el primero. En cuestión de minutos, el lugar entero se transformó en una trinchera, habitada por vaya a saber cuántos hombres, todos con sus armas frente a los miembros de la familia Doble.

sábado, 23 de abril de 2016

Relato de un Imperio Capítulo 28: Prueba

Una malévola risa. Héctor Ramírez, cabecilla de la familia Doble, sonreía de oreja a oreja mientras empuñaba una gran arma entre sus armas:
  • Finalmente… - Decía entre risas - ¡Nuestra familia está creciendo!
Un rápido movimiento, Ramírez elevó el cañón de su pistola y apunto a un antiguo cuadro en el muro de la habitación. Un disparo, la bala traspasó el retrato de inmediato, la foto del antiguo jefe era atravesada por el disparo del actual:
  • Luego de tanto tiempo… La familia que el imbécil de mi abuelo fundó y me fue heredada ¡Finalmente da frutos!
Héctor se colocó de pie con rapidez, se acercó a un mueble cerca de su escritorio, tomó un gran vaso de vidrio, una botella de wiski y dio un gran trago. Las gotas caían por su rostro, una mirada enloquecida, el alcohol en su sangre:
  • ¡James! – Gritó de inmediato. Un chico de cabello rubio se asomó puerta la puerta y observó a su jefe – James, manda algunos de mis hombres a cada extremo de mi territorio… Necesito que vigilen día y noche
  • Señor, si me disculpa creo que deberíamos reforzar más el cuartel. No tenemos muchos hombres, murieron demasiados en la batalla
  • ¿Acaso piensas contradecirme?
  • No, solo digo que…
Héctor dio la vuelta, cerró su puño con fuerza y apaleo el rostro de su subordinado. James abatió sobre el suelo, un hilo de sangre colgaba de su boca:
  • ¡Solo has lo que te digo! ¡Maldición!
  • Bien…
Lejos del lugar, el oficial Martínez seguía con la investigación sobre la familia recientemente desaparecida. El cansancio lo tomaba vivo, la noche se había pasado entre tazas y tazas de café. Grandes ojos y redondos como monedas, ojeras bajo ellos que llamaban la atención de gran forma. El uniforme mal colocado, arrugado y hasta malgastado. Cabello desalineado, alborotado y sucio.
Alguien entró en la oficina, Carlos dio la vuelta. Su secretario, el oficial Suarez lanzó una mirada y quedó boquiabierto:
  • ¿Señor?
  • ¿Qué quieres? – Expuso Martínez, con grandes sumas de hojas en la mano, algunas esparcidas por el suelo y arrugadas por el descuido
  • ¿Ha pasado toda la noche en ese estado? ¿Ha que quiere llegar?
  • ¿Acaso no es obvio?
  • Señor, debe dormir, debe entender que la familia desapareció – Explicó – Por más que busques en cualquier lugar, no hay más información, esto es lo que hay, la milicia acabo con todo y no puede…
  • ¡Claro que no! – Gritó desesperado – Ellos siguen allí…
  • ¿Y porque cree eso? No tiene pruebas…
Carlos tomó una hoja de su escritorio y la arrojó hacia su secretario. En ella, surgía la imagen de un chico cualquiera, Paul acompañado de John, ambos en un vehículo negro, ambos armados y doblando en la esquina de una calle:
  • Esa fotografía fue tomada el día del ataque a la familia Maderos – Explicó Martínez
  • ¿Y?
  • Ese chico, estoy seguro de haberlo visto en algún lugar…
  • Esto no prueba nada, señor…
  • Claro que sí, solo debo encontrar el documento, ese chico es el secreto, ese es el secreto de todo el juego…

viernes, 22 de abril de 2016

Relato de un Imperio Capítulo 27: Mascaras

Su mirada fija en el firmamento, Paul observaba de una extraña forma el paisaje mostrado en su ventanal. Los vehículos iban y volvían, la gente caminaba de un lago al otro, nada había cambiado, por más de su disolución, todo era igual. Alguien entró en la sala, Paul lanzó una mirada, John entraba en la deteriorada sala, con cuidado:
  • Jefe, ya hemos pasado demasiado tiempo aquí… Las reservas de comida se agotan y el cansancio comerá a todos
  • Bien… - Respondió Paul – Reúne a todos en el salón…
  • ¿Cómo?
  • Reúnelos en el salón, ya es hora de seguir con el plan…
  • ¿Realmente piensa hablar?
  • Claro que no… - Rio Paul – Tu lo harás…
  • Oh…
Paul dio la vuelta y se enfrentó a su dependiente, para entonces tomar algo de su saco y lanzarlo a sus manos. John abrió su palma, una máscara blancuzca se asentaba sobre ella:
  • ¿Qué es esto?
  • Está claro que no podremos dejar ver nuestras caras… - Explicó Paul – Utilizaremos estas mascaras
Cortez tomó entre dedos la prenda y la observó detenidamente, dos líneas negras cruzaban el único orificio en la tela, dejando espacio para su ojo derecho y ocultando todo lo demás:
  • Oh… - Expuso Cortez, pensando para sí mismo que no era de muy buen gusto
  • Claro que hay una para cada uno de los miembros – Dijo Paul, para entonces dar la vuelta y seguir observando el paisaje - Reúnelos y prepáralos, debemos salir cuanto antes…
  • Bien…

jueves, 21 de abril de 2016

Relato de un Imperio Capítulo 26: Semana después


Ha pasado una semana desde la disolución de la familia del lado oeste. El territorio antes dominado por la misma ha sido batallado por tres pretendientes, resultando ganadora la familia Doble.
La zona se ha sumido en un caos, la milicia ronda las calles en busca de poco posibles sobrevivientes a la masacre. El escuadrón policial encargado de la familia, al mando del oficial Carlos Martínez se niega a abortar la investigación del grupo, asegurando que su disolución no es más que un engaño y hay algo más detrás del dilema.
El oficial Martínez recorría los pasillos de su comisaría paso por paso, con la cabeza bien en alto y varios mechones negruzcos rozando su ojo izquierdo. El ceño fruncido, puños cerrados, espalda recta y un fulgor en sus ojos, la furia lo consumía lentamente.
De repente, alguien se arrimó al oficial:
  • Señor, la comisaría departamental nos solicitó nuevamente acabar el caso de la familia del lado oeste… - Exclamó el policía – Creo que sería mejor que…
  • No, no lo hagas… - Dijo Martínez, para entonces rotar con cuidado su rostro y observarlo fijo a los ojos – Estoy seguro, esto aún no ha acabado…
  • Señor, realmente no quiero contradecirlo, pero ¿Qué le hace creer que la familia un sigue allí afuera?
  • No lo sé, pero estoy seguro… Aún no es el final de la familia…
  • ¡La milicia atacó sus dos fuertes! ¡¿Acaso cree que una familia de bajo nivel sobreviviría a eso?!
  • No, no una familia de bajo nivel…
El policía dio un suspiro y se sostuvo la cabeza:
  • Bien, continuaremos con el caso…
Lejos del lugar, en una recóndita calle en las fronteras del lado oeste, un local de mal gusto, abandonado hace ya años, comienza a hacerse sentir en la zona. Por dentro, hombre de máscaras blancas ocupan el lugar, manteniéndose en seco, completamente alejados de la ciudad y ocultos tras la oscuridad del barrio. Esperando el momento exacto para renacer y hacerse sonar.

miércoles, 20 de abril de 2016

Relato de un Imperio Capítulo 25: La caída del lado oeste

Un convoy de camiones se adentraba en la zona. La entrada del cuartel eras rodeado por grandes cantidades de militares. Una enorme explosión, la caída de uno de los muros de la estructura, acompañada de una nube de humo y varias docenas de militares, que entraban armados al lugar.
Las balas comenzaban a viajar de un lado al otro, la milicia acababa con cada uno de los miembros de la familia. Haciendo estallar el lugar, masacrando con furia a todo aquel que vistiera de saco negro. La sangre se dispersaba por todo el suelo, el fuego comenzaba a consumir todo el edificio.
Al otro lado de la ciudad, el antes cuartel de la familia maderos, ahora perteneciente a la familia del lado oeste, de ningún modo se hallaba en mejor estado. Aludes de balas arrasaban el lugar, los hombres eran acabados en solo unos minutos. La imbatible fuerza de la milicia contra una pequeña familia, y aquella masacre no acabaría hasta que todos sucumbieran.
El cabecilla de la familia, con el rostro de siempre, pútrido, frenético. Con sus enormes manos bajo los bolsillos de su magno saco, recostado sobre la espada y alzándose en el aire. Sus cabellos de un tono amarillento y con puntas blancuzcas, Levantó la mirada, uno de los miembros de la familia oeste, quien se arrastraba con dolor por el suelo, intentando escapar de aquella horripilante escena.
El hombre frunció el ceño y de inmediato tomó al herido de sus cabellos, para entonces hacerlo estallar contra uno de los muros. Una enorme mancha de sangre se estiró por todo el muro:
  • ¡Esta es su recompensa! – Exclamó el cabecilla, aun sosteniendo el cadáver del lacerado - ¡Esto es lo que obtienen por alzarse contra nosotros, repugnantes seres!
Un golpe, el cuerpo del miembro era aplastado con fuerza por la pierna izquierda del hombre. Siendo lanzado contra el suelo, golpeando contra él una y otra vez, marcando el camino de su caída:
  • ¡Esto es lo que obtienen por alzarse frente a sus dioses! – Gritó para entonces dibujar una enorme sonrisa en su rostro
El cabecilla dejó caer sus puños envueltos en sangre y nuevamente guardarlos en su saco:
  • Señor… - Exclamó alguien por detrás
  • ¿Qué quieres?
  • Al parecer ya hemos acabado con todos, todos los miembros de la familia han sido asesinados y ambos carteles fueron arruinados…
  • Bien… - Dijo – Es hora de marcharnos…
  • ¿Y qué sucederá con el territorio?
  • ¿El territorio? – Repitió – Solo déjenoslo, supongo que será tomado por alguna familia luego de esto…
  • Entendido…

martes, 19 de abril de 2016

Relato de un Imperio Capítulo 24: Irrupción

El vehículo giró con pujanza en la esquina de la cuadra, de inmediato varios hombres de negro comenzaron abajar del móvil, portando grandes metralletas y utilizando ropas distintivas de la familia del lado oeste.
No pasaron más de un par de minutos, las balas comenzaron a perforar los muros, las ventanas estallaban en el aire, el constante ruido de a munición siendo despedida era aterrador, la gente, atemorizada e impactada, observaba el suceso desde lejos; uno de los cuatro cuarteles de la ciudad, la milicia estaba siendo atacada y por primera vez la familia realmente plantaba cara.
Pasaron tal vez unos cinco minutos, los militares que aún vivían, tomaron sus armas y contraatacaron al instante. Los cinco hombres eran abaleados una y otra vez por no más de seis adversarios. La cabeza del cuartel, desesperado y furioso a la vez, mandaba a sus hombres a tomar a los caídos y derrotar a los vivos.
Cuatro de ellos se agacharon un momento y comenzaron a correr hacia sus contrarios. Un golpe, los miembros de la familia abatían sobre el suelo, para entonces ser tomados por los militares. El auto dio la vuelta y se avalanchó contra la avenida, alejándose con ligereza de la escena.
El cabecilla del cuartel se acercó hasta la calle y observó con odio a uno de los heridos. Un rápido movimiento, el cabeza tomó del cuello a su enemigo y lo alzó en el aire:
  • ¡Malditos! – Gritó furioso para entonces lazarlo contra uno de los muros - ¡Se arrepentirán de lo que han hecho!
Con rapidez dio la vuelta y observó a uno de sus soldados. Colocó la mirada sobre él y pronunció:
  • ¡No nos quedaremos así! ¡Comunícame con el cuartel principal! ¡Realizaremos un ataque contra estos repugnantes parásitos!
  • ¡Bien!

lunes, 18 de abril de 2016

Relato de un Imperio Capítulo 23: Direcciones

John se hallaba en la oficina de Paul el nuevo cabecilla de la familia. Paul observaba detenidamente el techo, silencioso e impaciente, sin dejar la misma postura de siempre:
  • Disculpe jefe… - Dijo John
  • ¿Si?
  • Vengo a decirle que hoy es día martes… - Exclamó el hombre – Los días martes el anterior jefe comunicaba las nuevas noticias y toda la información de la familia…
  • ¿Y qué quieres?
  • Creemos que la familia debe conocer todo sobre la actualidad de la…
  • ¿Me estas pidiendo que realice la labia? – Preguntó Paul ya sabiendo la respuesta – Claro que no…
  • Pero el…
  • No, si quieres te doy permiso y tú mismo puedes darla… - Explicó Paul
  • ¿Realmente?
  • Así es… Puedes hablar tu…
  • Bien…
John dio la vuelta y tomó el picaporte de la puerta como para salir:
  • Ah, me olvidaba de algo… - Interrumpió – Necesito que envíes cinco de los retenidos, denles algo de nuestra ropa, unas cuantas armas y realicen un ataque al cuartel de la avenida sur…
  • ¿Uno de los cuarteles de la milicia?
  • Así es… Y recuerda, al menos uno de ellos debe ser visto por el enemigo, no acaben con todos los soldados…
  • Espera ¿Qué? ¿Eso no dispondría una guerra’? ¿Acaso no sería perjudicial para nosotros?
  • Ese es el punto…
  • Si me permite, no puedo entender su punto jefe…
  • Tu solo hazlo…
  • Entendido…

viernes, 15 de abril de 2016

Relato de un Imperio Capítulo 22: Oficial

  • ¡Jefe! ¡Jefe! – Entró gritando un oficial a la oficina del Regente de la ciudad - ¡El ataque al cuartel de los Maderos acaba de terminar!
  • ¿Al cuartel de los Maderos? – Repitió él - ¿Y? ¿Cómo ha terminado todo?
  • ¡Fuimos completamente destrozados! ¡La familia del lado oeste logró escapar! ¡Acabaron con toda la escuadra!
  • ¡¿Cómo?!
El lugar quedó en silencio un momento. El oficial Carlos Martínez, quien había ascendido a rango coronel hace tan solo medio año, especulaba cuidadosamente sobre lo que recientemente había oído. Con los ojos bien abiertos y su boca entrecerrada, una fría mirada al aire y su extraño caso de heterocromía:
  • ¿Cuantos oficiales perdimos?
  • Fueron diecisiete…
  • ¿Diecisiete hombres?
  • Así es. Y, jefe, todavía hay algo más…
  • ¿Algo más dices?
  • Los vehículos del escuadrón fueron explotados tan pronto acabaron con el ataque – Explicó el policía – Hay comentarios de que podrían haber sido los mismos explosivos utilizados en los ataques anteriores…
  • ¿Porque dicen eso?
  • La magnitud de la explosión, según los testigos fueron muy similares…
  • Bien… - Respondió Martínez– Investíguenlos, tráiganme toda información sobre la familia, necesito saber todo sobre ellos…
  • ¡Entendido!

jueves, 14 de abril de 2016

Relato de un Imperio Capítulo 21: Bajas

Luego del suceso, la familia entera se aglutinó en su fortín. Los hombres tomados, fueron llevados a una habitación aparte, donde los encerraron completamente. Las armas y el dinero juntado se contaron y se organizó en la cúpula del cuartel. La batalla contra la banda Maderos, la cual hace meses realizaba en contra de ellos, acababa de terminar, el territorio ahora pertenecía a su familia y la Maderos se había disuelto por la reciente masacre. La familia del lado oeste era victoriosa.
Paul, quien se hallaba recostado sobre su nuevo asiento, observaba el techo de su despacho, pensando en quien sabe que, y descansando su cuerpo luego de la situación en la que se habían metido.
De repente alguien llamó a la puerta. Paul dio acceso y de inmediato John entró a la sala:
  • Jefe, el dinero y las armas ya han sido organizados… - Prorrumpió – Nuestra capital ha aumentado más de un quinientos por ciento. Nuestro armamento se ha multiplicado por treinta
  • ¿Y las bajas?
  • Perdimos a doce hombres en total, poseemos un diez por ciento del grupo herido de gravedad, unos cuarenta heridos levemente y el resto en perfectas condiciones… - Expuso – También perdimos seis vehículos…
  • ¿Cuántos de ellos lograros raptar?
  • Creemos que son todos los hombres de la familia vivos, claro, podemos caer en un error… - Explicó – Son un total de veintitrés de ellos…
  • Bien… - Respondió – Pueden descansar…
  • ¡Entendido!
Cortez se retiró de la habitación y segundos después Eric surgió en la sala:
  • Oh, Eric… ¿Qué quieres?
  • ¿Qué está sucediendo? ¿Y porque William y yo estamos involucrados en esto?
  • Deberías saberlo, soy la nueva cabecilla de una familia de parricidas… - Contestó – En cuanto a la pregunta restante, ustedes decidieron ayudarme… ¿Acaso tienes algún problema?
  • No, no es eso… Pero…
Eric quedó en silencio al instante siguiente. Paul lanzó una mirada sobre él y plasmó una sonrisa en su rostro. Abrió uno de los muchos cajones de su escritorio, metió con ligereza la mano y tomó un rollo de billetes del mismo. El cual lanzó por los aires hasta acabar en las manos de Eric:
  • Esa es su paga de las bombas anteriores…
  • Pero es bastante mas que…
  • También va incluida su parte de este atraco…
  • Oh… Está bien…

miércoles, 13 de abril de 2016

Relato de un Imperio Capítulo 20: El choque de Maderos (Parte V)

De repente un explosivo aterrizó en el lugar. Varios oficiales se alzaron en el suelo por el impacto. Los vehículos daban un giro y abatían contra el suelo con fuerza. Los policías que aún seguían con vida, se cubrían detrás de sus coches ya despedazados por la explosión, observando con cautela y cuidándose del ataque. No pasó mucho tiempo hasta que la familia del lado oeste tomara un movimiento atacante y rodeara a los oficiales restantes.
El dedo en el gatillo y las balas comenzaron a perforar su cuerpo uno por uno, las llamas del estallido se alzaban en lo alto, dando un fugaz color al ambiente. Al instante un enorme camión se enredó entre las llamas y estacionó justo en el lugar.
Ernesto dio la vuelta y gritó con fuerza:
  • ¡Rápido! ¡Suban todo y larguémonos se aquí!
Al momento, Eric y varios hombres más, comenzaron a tomar con pujanza a sus enemigos y hacerlos entrar en la parte trasera del vehículo. Mientras, un par más de ellos, tomaban en sus hombres grandes cajones llenos de fusiles y cajas de dinero que se desparramaba por cada paso que daban.
Pasaron poco menos de veinte minutos hasta que todo estuviera listo. Ernesto y cuatro hombres más corrieron a uno de los coches aun sanos de su familia y se largaron del lugar. El grupo que quedaba de hombres, se organizó en el enorme camión y siguió el paso del vehículo por delante. La batalla había acabado, y ahora aquel territorio por el que tanto habían luchado, era suyo.

martes, 12 de abril de 2016

Relato de un Imperio Capítulo 19: El choque de Maderos (Parte IV)

  • No creo que debamos irnos… - Dijo Paul mientras John conducía el vehículo, escapando de la escena. Cortez lanzó una mirada sobre Paul
  • ¿Por qué lo dices?
  • Son demasiados, no podrán con ellos… - Expuso el chico observando su pistola con cautela – Además, no podemos dejar de lado que en ese lugar está la gran mayoría de nuestra familia, no podemos perder tal cantidad de miembros…
John quedó en silencio un momento y volvía su vista al camino:
  • Si me permites, Jefe, creo que estas ensoberbeciendo a mis hombres… - Exclamó Cortez – No deberías subestimarlos…
Mientras tanto, en el cuartel de los Maderos, los disparos seguían abatiendo sobre ambos lados. Eric, quien cuidaba las dos docenas de enemigos que se hallaban secuestrados, tiritaba al ver como una simple disputa de familia se transformaba en una masacre.
Los oficiales, fuego abierto hacia los asaltantes, era rodeado por tormentas de balas que hacen volar sus vehículos, estallar sus sesos e inutilizar sus extremidades:
  • ¡Vamos! ¡No se detengan! – Exclamaba el oficial mayor mientras abaleaba a varios adversarios
Ernesto dio la vuelta, uno de sus hombres se arrimaba hacia él:
  • Ernesto, hallamos la habitación monetaria y los armamentos del cuartel – Dijo el hombre - ¿Qué haremos con ellas?
  • ¡Tráiganlas! ¡El camión llegará en unos minutos!
  • ¡Bien!
Las balas seguían sonando. Granadas y explosivos eran lanzados contra el edificio, formando una nube de polvo y una montaña de escombros. Los miembros de la familia tosían un momento y volvían al ataque. Los oficiales armados hasta los talones, comenzaban a entrar en el lugar y disparaban contra todo aquello que se moviera. Eric alzó la vista, uno de ellos se acercaba lentamente hacia él. Su cañón en lo alto, su dedo en el gatillo, estaba a punto de hacer plomo su cuerpo.
Un movimiento desesperado, Eric, temblequeando y lleno de miedo, tomó su metralleta y con ligereza presionó el gatillo. Las balas comenzaron a perforar su cuerpo, una por una, haciéndolo bailar y embarrarse de sangre. Su cadáver cayó al suelo, una pequeña sonrisa se dibujó en el rostro de Eric:
  • Estoy vivo…

lunes, 11 de abril de 2016

Relato de un Imperio Capítulo 18: El choque de Maderos (Parte III)

Los hombres de sombrero y saco negra golpeaban y sujetaban con fuerza a los miembros restantes de la familia Maderos:
  • ¡Vamos! ¡Apúrense, debemos irnos cuanto antes!
Del otro lado de la habitación, decenas de hombres se balaban contra los oficiales, quienes se hallaban en la calle frente a la estructura. Las balas golpeaban las paredes y hacían estallar ventanas. Miembros de la familia del lado oeste abatían cada dos por tres, heridos en el áspero suelo.
Un par de docenas de adversarios, eran atados con fuerza, rodeando cuerdas gruesas en sus brazos y siendo llevados a una esquina de la sala, donde eran cuidados por varios de los miembros. Eric, quien cuidaba de los rehenes, sostenía medio temblequeando un rifle en ambas manos, observando a sus compañeros caer, y de igual manera a policías siendo fusilados a la vez.
De repente un fuerte sonido se oyó en el lugar y una de las paredes del edificio voló en pedazos. Escombros se esparcieron por todo el lugar, golpeando a varios de los adheridos e hiriéndolos por poco.
Paul y Cortez bajaron las escaleras y miraros su entorno con fluidez:
  • ¡John! – Se oyó en las cercanías. Ambos levantaron la mirada. Ernesto, quien los cubría desde abajo, los miraba de reojo - ¡Ustedes váyanse ahora mismo! ¡Nosotros nos ocuparemos de esto!
  • ¿Estás seguro?
  • ¡Váyanse! ¡Va a llevar un tiempo poder salir de aquí!
Cortez, quien confiaba en su compañero y entendía la situación en la que se hallaban, tomó su arma y corrió hacia la entra del lugar. El dedo en el gatillo y en segundos las balas comenzaron a perforar el cuerpo de los oficiales, quienes caían muertos a medida que John se arrimaba al automóvil. Paul repitió el suceso, dejando a varios de los policías dañados en el suelo. Ambos subieron en el automóvil y salieron lanzados del lugar de inmediato. Mientras las balas golpeaban su vehículo y destrozaban su carrocería.

domingo, 10 de abril de 2016

Relato de un Imperio Capítulo 17: El choque de Maderos (Parte II)

El ventarrón de municiones seguía golpeando el muro con fuerza. Una diabólica sonrisa seguía sonando en el lugar. Sánchez se detuvo un momento y alzó su arma con rapidez, tomó otro de sus cartuchos y lo levantó como para recargar la metralleta. Cortez, tomando ventaja del momento, dio la vuelta y apretón ligereza el gatillo.
El brazo derecho de Sánchez se lanzó hacia atrás y la bala perforó su antebrazo, un chorro de sangre comenzaba a empapar su camisa:
  • ¡Maldito!
El hombre, furioso, tomó con su único brazo sano la metralleta y pulsó el gatillo. Las balas comenzaron a estallar nuevamente, esta vez, justo en el muro donde Cortez se resguardaba.
Paul dio un paso, tomó su pistola y dio un disparo. La bala impactó en el pecho del enemigo y lo obligo a retroceder un par de pasos. Otro disparo, esta vez en la muñeca izquierda de Sánchez, un fuerte grito retumbó en la habitación. El hombre observó a Paul con furia, quien se colocaba de pie y se situaba en posición.
Desatado por la ira y a punto de morir, Sánchez tomó con las ultimas fuerzas de su brazo derecho, una enorme cuchilla que se hallaba incrustado en el muro. Se colocó de pie sobre el escritorio, lanzó una mirada sobre Paul y dio un salto hacia él.
Paul levantó con tranquilidad su pistola, la colocó en el lugar y oprimió el percusor. La bala viajo a una velocidad cercana a los mil cien kilómetros por segundos y dio justo en la frente del enemigo. El cuerpo cayó al suelo, empapado en sangre y ya sin vida.

sábado, 9 de abril de 2016

Relato de un Imperio Capítulo 16: El choque de Maderos

Decenas de patrullas circulaban por las calles, a gran velocidad y con las sirenas sonando, dirigiéndose todas al mismo sitio, el fortín de la familia Maderos. Un repentino freno, el primer vehículo en llegar a la escena se deslizó por la calle y se posicionó justo frente a la puerta principal, justo al lado de varios coches negros que parecían ser de los atacantes.
William lanzó un vistazo por la mira telescópica, uno de los oficiales salía de la patrulla y se colocaba en posición. Presionó el gatillo, el cadáver del oficial cayó empapado en sangre al suelo. Todos dieron la vuelta:
  • ¡Francotiradores a la vista! ¡Permiso para abrir fuego! – Gritó el general de la cuadrilla
Varios policías tomaron sus rifles y de inmediato comenzaron a disparar una y otra vez hacia William, quien acababa a todos ellos, uno por uno.
Mientras tanto, en la primera planta del fortín, John y Paul estaban listos para terminar el ataque. Paul se arrimó a la puerta y con ligereza y firmeza la abrió de un golpe. John y Paul tomaron sus armas y entraron a la sala. Jose Sánchez, la cabeza de la familia, se hallaba tras un gran escritorio de madera, pensando, con la cabeza agacha y un rostro de preocupación invadiéndolo.
Levantó la cabeza y una enrome sonrisa se posicionó en su rostro:
  • Será mejor que te rindas, Sánchez… No puedes escapar de aquí… - Explicó Cortez apuntando al hombre re con su rifle en mano
Sánchez, conmocionado por la repentina entrada, lanzó una pequeña risa y los observó fijamente:
  • ¡Ni lo pienses maldito! – Vociferó mientras tomaba una gran metralleta que escondía tras el mueble
El dedo en el gatillo, las balas comenzaron a golpear la pared. John dio la vuelta y de inmediato se cubrió tras la pared. Paul, rodó por el suelo y se refugió tras un armario de madera. El sonido de la metralleta encendida, las balas haciendo estallar muebles y cuadro, destruyendo por completo la habitación, una terrorífica sonrisa en su rostro, una bizarra escena que en minutos se transformaría en un siniestro duelo entre dos familias.
En la planta baja, la música seguía sonando, ambas familias se golpeaban y se mataban unos a otros. Una tormenta de disparos provenía de ambos lados del lugar. En ese momento uno de los hombres se acercó a Solud:
  • Ernesto, los oficiales acaban de llegar… - Exclamó – El chico del rifle los está manteniendo, pero varios de ellos parecen listos para abrir fuego contra nosotros
  • Bien, bajen las armas, no maten a ninguno más, el nuevo jefe nos solicitó tomar cautivos a varios de ellos. Atenlos y tírenlos contra la pared, los demás ocúpense de la policía
  • ¡Entendido!

viernes, 8 de abril de 2016

Relato de un Imperio Capítulo 15: Ataque al fortín

El humo de sus cigarros se esparcía por toda la habitación. Cartas de póker sobre la mesa y fuertes tragos en las manos de cada uno. Sus camisas afuera, risas exageradas que no dejaban ni pensar, era una tarde como todas las otras en el fortín de los Maderos, llena de alcohol, puros y peleas sin sentido.
De repente una pequeña ventana estallo en pedazos, todos dirigieron con rapidez su mirada hacia ella. Los fragmentos de vidrio caían contra el suelo y estallaban reiteradamente. No pasaron más de un par de segundos hasta que la siguiente también explotó y ante un silbido casi indetectable un charco de sangre se alzó en el aire. Todos observaron al instante y la tercera ventana también voló en pedazos:
  • ¡Nos están disparando! ¡Es un ataque! – Gritó uno de ellos mientras se levantaba de su silla y se unía a la corrida junto a todos los demás
Los cuerpos comenzaban a caer uno por uno. La entrada se abrió en dos, nadie giró su rostro, tan solo sintieron un par de disparos y a sus compañeros ser heridos por los atacantes. Paul, junto a toda su familia, caminaba lentamente por la sala, haciendo caer a cada uno de sus enemigos. John, con un rifle de asalto en su poder, cubría a su jefe y hacia volar estallar el cuerpo de los enemigos.
El contraataque no tardó en llegar, y en cuestión de minutos miembros de la familia madero rodeaban y abren fuego contra la familia del oeste. Paul lanzó una mirada, varios oponentes disparaban desde la primera planta, intentando ocultarse entre los barrotes de la escalera.
Paul tomó su pistola y apuntó con cuidado, segundos después el fuego de planta alta se acabó. Un paso hacia delante y el pie contrario atravesándolo por al lado. Paul comenzó a subir las grandes escaleras de madera que dirigían a la planta alta. Un par de hombres de camisa y tirantes se acercaron y apuntaron con rapidez. Tres tiros al aire bastaron para acabar con ellos.
Mientras tanto, en la planta baja el lugar era un campo de batalla. Los disparos provenían desde ambos lados de la habitación. Metralletas, rifles y pistolas se hacían sonar al ritmo de la muerte. Las balas atravesaban los cuerpos del bando contrario y un lago de sangre comenzaba a formarse. Un ligero jazz sonaba por detrás, mientras la muerte perseguía a los hombres y los miraba cara a cara.
Paul giró su rostro, una puerta de firme madera escocesa estaba cerrada por completo. Varios pasos comenzaron a sonar por debajo, John caminaba hacia él, defendiéndose del fuego enemigo escalón por escalón:
  • Yo también iré…

jueves, 7 de abril de 2016

Relato de un Imperio Capítulo 14: Condiciones

  • Necesitamos que te encargues de la familia…
William y Eric quedaron boquiabiertos al oír lo que John decía. Paul, un joven de tan solo diecisiete años de edad, era solicitado para encabezar una familia, y como si fuera poco, una familia que el mismo destruyo. Ambos miraron a Paul fijamente a los ojos y la tensión persistió por tan solo unos segundos:
  • Claro que si… - Respondió Paul con una sonrisa en su rostro – Yo me haré cargo de su familia… Pero con una condición…
  • ¿Qué quieres? – Preguntó Cortez
  • Yo, y solo yo, me encargaré de tomar decisiones, realizar ataques y asignar cargos – Expuso el chico – Todos responderán a mis órdenes por mas frenéticas y inmoladas que parezcan ser. Simplificando, yo estaré al poder de todo…
John Cortez no lo dudó un segundo y de inmediato dio la respuesta:
  • De acuerdo… - Dijo convencido de que el chico los levantaría de aquel embrollo en el que se hallaban
  • Ahora, necesito tener conocimiento de todo nuestro armamento, nuestra situación económica exacta, cantidad de miembros y vehículos del grupo…
Cortez, sorprendido por los pedidos del niño, retiró su rostro un centímetro y lo miro de lejos:
  • ¿Qué pretendes?
  • ¿Qué pretendo? – Repitió Paul - ¿Acaso no es obvio?, tenemos que liberarnos de nuestros enemigos lo antes posible…
Cortez, sorprendido, pero no desilusionado, se acercó a la ventanilla del vehículo y la abrió con cuidado:
  • Luis, necesitamos pasar por el fortín…
El vehículo dio un exagerado giro y de inmediato entró camino hacia el cuartel de la familia, que se hallaba a unas cuantas cuadras de distancia.

miércoles, 6 de abril de 2016

Relato de un Imperio Capítulo 13: Tomados

Paul, Eric y William, caminaban lentamente por la acera. Paso tras paso los tres jóvenes estaban más cerca de su destino, aunque solo Paul sabía con certeza cuál era, a lo lejos, magnas nubes grises comenzaban a ocultar el celeste firmamento que hasta esa hora se había mantenido en lo alto.
De repente un fuerte ruido se escuchó a unos metros. Los tres alzaron la mirada, un auto completamente negro se estacionaba en la esquina, y casi instantáneamente, dos hombres de traje bajaban y se acercaban hasta ellos:
  • ¿Paul, que sucede? – Preguntó Eric, atemorizado por el suceso
  • Solo cálmate un momento…
Uno de los hombres, pareciendo estar apurado y agitado de igual manera se colocó delante de ellos y los observó fijamente:
  • Necesito que nos acompañen un momento…
Fue en ese momento que Eric y William entendieron lo que sucedía; la familia del oeste estaba justo frente a ellos.
Paul dio un paso y giró su cabeza:
  • Vamos, nos están esperando… - Dijo cuidadosamente, para entonces lanzar una sonrisa y subirse sin el menor problema al vehículo
William y Eric se observaron mutuamente, y, aun seguridad, pero con un tanto más de confianza, siguieron al muchacho y se sentaron en el vehículo. Ambos hombres de trajo subieron luego de ellos y segundos después el auto salía lanzado hacia la calle.
Eric y William miraban desorientados a su alrededor, dejando de lado a los dos hombres de antes, en el vehículo solo se hallaba John Cortez, la mano derecha del ya difunto jefe, quien estaba completamente desarmado y observaba con cuidado a Paul:
  • Paul Tumay ¿No es cierto?
  • Así es… - Respondió Paul - ¿Qué necesitas?
  • Entiendo que conoces y estas al tanto de nuestra complicada situación tanto económica como territorial – Exclamó Cortez – La familia Maderos intenta quitarnos del mapa, y en este momento, principalmente por el hecho de que se encargaron personalmente de asesinar a nuestro jefe, estamos completamente indefensos ante cualquier ataque. Ninguno de nuestros hombres, incluyéndome, está preparado para tal puesto…
  • Ve al grano…
  • Necesitamos alguien a la cabeza de nuestra familia, alguien con determinación y sin miedo, la que tu mostraste al asesinar a nuestro jefe… - Explicó – Queremos que te encargues de nuestra familia…

martes, 5 de abril de 2016

Relato de un Imperio Capítulo 12: Disputa

  • ¡¿En qué mierda estabas pensando?!
Paul abrió los ojos lentamente y lanzó una mirada, para entonces encontrarse con George frente a él:
  • ¿Qué quieres? – Preguntó
  • ¡¿Qué quiero?! ¡Es claro que no entiendes lo que acabas de hacer! – Exclamó George, furioso - ¡Acabaste con la vida de un hombre, y como si no fuera poco era el jefe de una familia!
  • No veo el problema… Después de todo hice estallar un cuartel de la milicia y sigo vivo…
George observó con furia a Paul, quien se hallaba recostado sobre su lecho y observaba el techo de la habitación con gracia. Un aire de despreocupación rondaba el ambiente, George dio la vuelta y se acercó a la puerta:
  • No puedo, no puedo seguir haciéndolo… - Se dijo George para sí mismo, pero soltando las palabras de todos modos
  • ¿A qué te refieres?
  • Me voy, no cuentes conmigo para tus irreflexivas matanzas...
Paul, al oír lo que el chico acababa de decir, se colocó de pie y caminó hacia George:
  • ¿Eres consciente de lo que estás haciendo? – Inquirió Paul, observando a su compañero fijo a los ojos
  • Eso es lo que yo debería preguntar… - Exclamó – Lo siento pero no puedo seguir… Y tú también deberías hacerlo…
George abrió con rapidez la puerta frente a él y salió de inmediato de la sala. Paul, cavilando sobre lo que acababa de suceder, se arrimó al gran ventanal que se hallaba en su habitación a camino hacia él. A lo lejos, grandes edificios que parecían tocar el firmamento se alzaban con fuerza, abriendo paso a grandes nubes grises que se aproximaban con lentitud. Una sonrisa congeló su rostro y al instante tomó un gran teléfono que sobre la mesa de luz descansaba:
  • ¿Eric? Soy Paul… - Dijo luego de unos segundos - ¿Están ocupados tú y William? Si. Hay algo que precisamos discutir… Bien, iré ahora mismo…