Los coches y los camiones comenzaron a detenerse frente a la casa ejecutiva de Párambo. Los oficiales comienzan a bajar de inmediato, con sus armas en mano y preparados para un gran conflicto.
Dentro del lugar, los militares se dirigían con rapidez hacia Montecarlo, su cabecilla, quien aún no enterado de la situación descansaba en una sala junto a Gómez, subjefe de la milicia:
- ¡Jefe! – Exclamó uno de los hombres – La policía nacional ha irrumpido en la ciudad y demandan por su atención
- ¿La policía federal? – Dijo Montecarlo con una sonrisa – Al parecer Humberto finalmente mostró sus bolas… Preparen sus armas, todos, estén listos para un combate…
- ¡Bien!
Montecarlo se colocó de pie y alzó la vista:
- Gómez, organiza a todos y prepárense para la peor situación posible…
- Entiendo…
Un paso al frente. Montecarlo bajó las escalinatas y traspasó la puerta principal. Rostro en alto, miles de oficiales esperaban ante la entrada, con sus armas a mano y la vista pegada en él. Humberto dio un paso al frente y se arrimó a Montecarlo:
- ¡Montecarlo! ¡Hoy es el día que su sucio poder será destruido! – Exclamó Humberto
- ¿Cómo dices? ¿Será acabado?
- ¡Montecarlo, las armas han sido tomadas por las fuerzas nacionales para acabar con todos ustedes! ¡Entréguese libremente y no existirá muerte alguna! ¡Retire su poder de esta nación y seguiremos adelante! ¡Pero no retrocederemos a nuestros derechos!
Montecarlo dibujó una sonrisa en su rostro:
- Eres realmente divertido… - Dijo él - ¡¿Realmente estás consciente de lo que haces?! Plantar cara y pedir mi renuncia, debes estar demente… Claro que no renunciaré…
Humberto alzó con fuerza su rostro y clavó su mirada sobre Montecarlo:
- Tomando en cuenta su respuesta no queda otra opción… - Todos alzaron sus armas y los cañones se enaltecieron contra Montecarlo - ¡Montecarlo! ¡Impongo oficialmente un levantamiento armado contra la milicia!

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