Ambas balas atravesaron en corto espacio entre ambos, impactando en el hombre derecho de cada uno, haciendo saltar chorros de sangre de su herida. Una mirada con odio, ambos dieron un paso hacia atrás y se lanzaron al ataque. Paul alzó su brazo, sost6eniendo su puño cerrado listo para el golpe. Martínez lo tomó con rapidez, para entonces dar la vuelta y hacerlo estallar contra el suelo.
La frente de Paul dio contra el suelo y un manchón de sangre la embarró por completo. Paul se levantó de inmediato, para tomarlo por la espalda, patear con fuerza y hacer caer a su adversario.
Dio la vuelta, Paul abría su abrigo con fuerza:
- ¡Retirada! – Se escuchó a lo lejos. Ernesto ordenaba a los rostros blancos huir de la batalla
Una mueca se distinguió a través de la máscara de Paul. Una aterradora sonrisa se formaba. Su único ojo visible estaba clavado en Martínez, quien se colocaba de pie, empapado en sangre y herido por doquier.
Un rápido movimiento, miles de bombas volaron por el aire, Paul las lanzaba a todo su alrededor, no dependiente de si en el lugar había oficiales o rostros blancos. Martínez se lanzó hacia atrás y se cubrió detrás de un vehículo.
Miles de estallidos se oyeron en el momento. Las cosas volaban con fuerza, el fuego crecía, la muerte traducida en gritos se oía en el lugar y los cadáveres abatían sobre el suelo. Martínez tomó su pistola y se colocó de pie.
Un vistazo, él ya no estaba allí, ellos no estaban allí, habían partido, dejando en el lugar muerte cruda y sin piedad. Dio la vuelta, varios de sus compañeros, incluyendo a Suárez, seguían allí, heridos, pero vivos, y aunque no significara ni la mitad del grupo Martínez lanzaba una sonrisa.

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