Las tropas se abrieron paso. Los rostros blancos abrían fuego contra los Dicarino. Montenegro dio un paso al frente y lanzó un vistazo, sus hombres caían uno por uno, por más de que fueran la mayoría ellos eran quienes perdían:
- ¡Retirada! – Exclamó con fuerza
Los Dicarino dieron la vuelta e intentaron escapar, para encontrarse con que, del frente contrario, los enmascarados realizaban la misma acción. Era una masacre.
James se colocó de pie y levantó la mirada, Eric corría hacia él con ligereza. Montenegro, enfurecido, tomó su arma y bloqueó su paso. Eric dio un paso al costado y lanzó un arma hacia James, quien la tomó en el aire y apuntó hacia Montenegro.
Un disparo, la bala impactó contra la espada de su adversario, quien dio la vuelta y cerró su puño. Eric se embaló contra el grandulón. Un golpe, el puño de Montenegro daba contra el rostro de Eric. James se lazó hacia Montenegro en un intento desesperado de forzar a su enemigo. Un segundo ataque y su codo dio contra el abdomen de James.
Ambos cayeron al suelo. Montenegro agarró con rapidez su arma y apuntó hacia James:
- ¡Maldito! – Gritó sin contenerse
Su dedo estaba a punto de presionarlo cuando Eric saltó sobre él y lo tomó por el cuello. James aprovechó el momento y lanzó una aprisionarte patada contra el muslo izquierdo del adversario. Montenegro cayó de rodillas, tomó los brazos de Eric y con fuerza lo hizo caer de espaldas contra el suelo.
Abrió sus ojos, James se hallaba frente a él, lanzando un golpe a punto de dar contra su mentón. Su mano sobre su cráneo, su cuerpo fue despejado al instante, su camino cambió y su cuerpo aterrizó sobre el suelo con pujanza.
Montenegro se colocó de pie y lanzó un respiro. Alzó la vista e intentó detectar a Eric, quien no se hallaba en el lugar del golpe. Dio la vuelta, su pistola apuntaba justo a su abdomen.
El disparo sonó y se mezcló en el momento en aquella balacera musical. Una herida se abrió en su cuerpo y la sangre comenzó a salir. James desde su lugar, alzó el arma y dio una segunda bala. El disparo dio justo en su brazo. La sangre comenzó a teñir su piel de rojo, las pistolas eran disparadas una y otra vez con el único objetivo de dar contra su cuerpo, el cual, al ritmo de los disparos danzaba herido en el lugar. La sangre saltaba por todos lados y el terror lograba distinguirse en su rostro.
Pasaron un par de minutos hasta que los disparos se detuvieran y el cuerpo del enemigo dejara caer sus brazos ya sin fuerza. Él seguía vivo, o más bien justo en el límite de esa categoría. La sangre coteaba lentamente y sus ojos estaban fijos en el suelo por más de que su corazón aun latiera.
James se colocó de pie, guardó su arma y se arrimó a Eric:
- ¿Por qué tardaste tanto? – Preguntó James para entonces arrimarse a Eric
- Solo cállate y agradece, recuerda que fui yo quien te ha salvado…
Ambos alzaron la mirada; sus hombres eran vencedores nuevamente, los Dicarino cubrían las calles de rojo y se amontonaban uno sobre otros, tan solo unos cuantos, en el mismo estado que su superior, eran atados de pies a cabezas y juntados en un mismo lugar. La batalla había acabado, pero tan solo eso.

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