Los vehículos volvían de la zona. Martínez, sentado en el asiento pasajero y acompañado de Suarez al volante. Las heridas seguían en el cuerpo del oficial, la sangre empapaba las vendas que lo cubrían, pero aun así una sonrisa persistía en su rostro, la idea de entender que había encontrado un digno oponente:
- Al parecer la pasó bien allí… - Dijo Suarez sin quitar la vista del volante - ¿Qué piensas de él?
- No es cualquier persona, no es alguien que tan solo ha tomado el mando de un bando sin entender nada sobre ello… - Respondió Martínez – Es joven, muy joven para ser sincero, pero su habilidad intelectual es enorme, más de lo que había creído hasta ahora…
- ¿Eso significa que se nos pondrá difícil desde ahora?
- ¿Desde ahora? – El jefe lanzó una risa – Esto no es desde ahora, yo creo que ese chico ha estado jugando con todos nosotros desde hace ya un tiempo…
- ¿Cuál es su teoría?
- No lo sé, aún…
El coche quedó en pleno silencio y el comunicador de Suarez comenzó a sonar con fuerza. Suarez colocó su mano en su bolsillo y tomó el aparato, para entonces pulsar un botón y colocarse junto a su boca:
- ¿Si? Habla Suarez, oficial del lado oeste… Si… Así es, él está aquí… - Decía atendiendo a la llamada cuando de repente su rostro se tornó completamente blancuzco y el coche se detuvo con pujanza - ¡¿Cómo?
Las llantas de vehículo se clavaron en el suelo, dejando una gran marca dibujada en él. Sus ojos se abrieron completamente, Sánchez lanzó un vistazo sobre él, quien dejó caer el comunicador al suelo y dio vuelta su rostro:
- El jefe de la policía nacional… ha caído…
Continuará…

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