Ambas paredes lo mantenían atrapado como un simple insecto. El enorme ventanal del local le prohibía salir de allí sin ser visto. James descansaba su vista sobre la ventana. Los Dicarino seguían acumulándose en el lugar y una gota de sudor comenzaba su viaje desde su frente. Habían pasado no menos de diez minutos desde que Eric había emprendido camino:
- Maldición, Eric aún no da señal de vida… El pasillo no puede ser tan largo y no puede haberse perdido… ¿Qué lo estará retrasando? – Pensaba James - ¿Acaso me veré obligado a actuar por mi cuenta?
De repente un vehículo estacionó en el lugar. James se asomó nuevamente por la ventana; un hombre de gran altura y musculatura bajaba del coche y todos dieron la vuelta para saludarlo:
- ¡Buenas tardes, señor! – Se oyó con fuerza en el lugar
El hombre se acercó a uno de los Dicarino:
- ¿Han logrado encargarse de todos? – Preguntó el grandulón
- No, lo sentimos, pero aún no hemos acabado con todos… - Explicó – Creemos que en este local hay varios de ellos, pero no hemos ingresado aún
- ¿No han ingresado? ¡¿Qué mierda esperan?!
- Estábamos esperando su permiso, señor…
El hombre frunció el ceño:
- ¿Mi permiso? – Una pequeña risa y un cañón en lo alto. El hombre presionó el gatillo y la bala perforó la cabeza del subordinado, el cadáver cayó al suelo - ¡Abran paso, inútiles!
James, intentando salvar su vida y no ser descubierto se arriesgó y de inmediato se lanzó sobre el suelo, para entonces arrastrarse contra la pared y tomar su arma.
La puerta cayó contra el suelo y una montaña de polvo se alzó en la habitación. El hombre entró en la sala y lanzó una mirada sobre James, quien con su pistola en alto temblaba con fuerza. Un disparo, la bala dio contra el muro, justo al lado del hombre, quien dibujó una enfurecida mueca y caminó ligeramente hacia él:
- ¡Encontré a su oculto adversario! – Dijo intentando molestar a sus hombres
La mano sobre su hombro, James intentó escapar de él, pero con rapidez un golpe lo hizo caer al suelo. La mano en su cuello, el cuerpo de James se alzó en el aire y fue lanzado fuera del local, justo sobre la vereda, raspándolo completamente:
- Ustedes vayan a ver si hay alguno más… - Dijo el hombre – Yo me encargaré de este maldito…

No hay comentarios:
Publicar un comentario