Nuestros labios se rosaban poco a poco, suavemente, sus manos acariciaban mi cuerpo y el olor de su hermoso cabello me cautivaba poco a poco. Mi mano comenzó a moverse, acercándose cada vez más a su pecho, hasta finalmente tocarlo, en ese momento me di cuenta de lo que estaba sucediendo, me había dejado capturar por su belleza, pero no quería dejarlo.
De repente sentí un toque en mi entrepierna, mire su rostro, sus ojos brillaban fuertemente y una sonrisa de oreja a oreja henchía su cara. DI un movimiento rápido, ahora yo me encontraba sobre ella.
Nuestras manos se entrelazaron mientras nuestros cuerpos seguían cautivándonos mutuamente. Los rayos fuera del departamento inundaban el ambiente junto al calor que provenía del calefactor encendido.
Pasaron casi cuarenta minutos hasta que finalmente acabamos, ahora nos encontrábamos ambos tendidos sobre el sofá, observando el televisor, aunque aun acariciándonos sobre nuestros cuerpos desnudos:
- Mañana saldremos devuelta ¿Verdad? – Pregunto ella
- Claro, veámonos a la misma hora…
- Bien… -Respondió – La tormenta ya pasó, creo que debo irme…
- Está bien, te acompañare hasta la entrada…
Ambos nos levantamos, ella se colocó su ropa tendida por el suelo y ambos caminamos hasta le entrada, para luego darnos un último beso y yo verla irse lentamente. Cerré la puerta, un trozo de papel se encontraba sobre el suelo, lo levante y lo abrí continuadamente; era una dirección de algún lugar en específico, pero nada más, guarde el mismo por si acaso.

No hay comentarios:
Publicar un comentario