Un extraño sonido comenzó a taladrar mis oídos. Abrí mis ojos, el despertador sonaba fuertemente junto a mi rostro. Levante mi mano, el cansancio seguía comiéndome, no había podido dormir nada realmente. Largue un bostezo y saque las lagañas de ambos ojos:
- Volví a soñar con ello… - Me dije mientras me levantaba
Camine hacia mi venta y largue un vistazo:
- ¿Un sueño?.... ¿Realmente fue… un sueño?
Recordé todo lo pasado el día anterior, intentando diferenciar la realidad de la ficción, pero no lo lograba:
- No… no fue un sueño…
Mis ojos se abrieron de una manera increíble. Voltee con rapidez, me cambié de ropa y sin hacer mucho escándalo salí de casa.
Paso tras paso, mi cuerpo se movía rápidamente a través de toda la gente que en ese momento se encontraba fuera. ¿A dónde me dirigía?, fácil, al lugar donde supuestamente había acabado con aquellos violadores; debía comprender si mis recuerdos habían sucedido realmente, quería comprender en que estaba metido.
Llegué al lugar. El almacén estaba rodeado de vehículos policiales, quedé impactado. Comencé a caminar muy lentamente hacia el lugar, el cual se encontraba rodeado por una cinta que escribir “Prohibido el paso”.
Las luces parpadeantes, los continuos chillidos de los oficiales. Di un vistazo; la sangre cubría las paredes completamente, uno de los cadáveres se encontraba en el suelo, mientras que el restante se hallaba tapado con una manta blanca.
Retrocedí unos pasos, era cierto; yo había acabado con ellos. Yo, el ángel de la muerte había asesinado a aquellos delincuentes, había salvado a la joven, había remontado en lo alto, observando la ciudad a mis pies. Yo, yo realmente era… era la mismísima muerte en persona.

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