Abrí mis ojos, me encontraba elevándome en el firmamento, acompañado del ser que antes había salvado mi vida. Sus alas se habían extendido a lo largo del cielo mientras el viento golpeaba en mi rostro y la luz cada vez más fuerte del sol alumbraba mi cuerpo.
La luz rodeo el lugar, me encontraba recostado en un suelo eterno, rodeado de blanco. Levante la mirada, me encontraba en una especie de domo gigante, el cual poseía un enorme hueco sobre nuestras cabezas. El lugar estaba repleto de seres que al igual que mi salvador poseían alas, ellos me observaban fijamente:
- Vamos… - Dijo alguien. Gire mi rostro, era el ser – Debemos presentarnos ante el señor…
Levante mi cuerpo lentamente y luego comenzamos a caminar muy lentamente hacia un enorme portón que se encontraba a lo lejos. Ellos me observaban, susurraban entre si y abrían paso al ser que me guiaba, era una sensación extraña; no sabía dónde me encontraba, no sabía quiénes eran ellos (Aunque por suposición podía decir que se trataban de seres angelicales) y no entendía hacia donde marchaba, la confusión me dilapidaba.
Luego de unos momentos (Que aunque parecían ser pocos realmente el camino había sido realmente extenso) nos encontramos frente al gran portón (Miles de veces más alto que nosotros) el cual, mi salvador, logro abrir con tan solo pronunciar unas pobres palabras en un idioma totalmente desconocido para mí. Ambas puertas comenzaron a separarse y la luz comenzó a colisionar contra mi rostro. Aparte la mirada un momento.
Entramos al lugar, compuesto de cuatro grandes murallas que funcionaban como paredes y más allá, una segunda puerta del mismo tamaño que la anterior. Nos dirigimos hacia ella y de la misma forma fue abierta por el ser:
- Hemos llegado, mi señor – Exclamo el ser mientras se reverenciaba ante un enorme ser que se encontraba sentado sobre un trono, unos metros adelante – Aquí esta Azrael, el Sr. De la defunción. Nuestro nuevo Ángel de la muerte…

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