Ya está… Andrei había acabado con Hook y por un momento se quedó observando el cadáver, solo para luego recordar a Mitsuki aun dentro del vehículo y correr hacia ella.
El motor lanzaba llamaradas de fuego a grandes distancia ¿Cómo rayos había olvidado que estaba en llamas? Fue por puro milagro que el auto no volara en miles de pedazos por los cielos, Andrei abrió a patadas la puerta ya abollada del conductor y entro en el vehículo.
Mitsuki aún se encontraba allí, con los ajos cerrados y unas manchas de sangre en las mejillas, pero aun respiraba, seguía viva. Andrei la tomo y con fuerza la saco de aquella cámara de humo, para luego apoyarla en la senda
- Mitsuki, ¿Mitsuki estas bien? – Pregunto el, sus ojos se abrieron lentamente
- ¿An… Andrei? ¿Qu… Que haces aquí? – Pregunto con una voz ronca y dulce a la vez
- ¿Cómo qué? Recuperando al amor de mi vida por su puesto…
- No… Yo… Yo te mentí Andrei… Fue todo un engaño… No merezco a alguien como tú – Explicó ella
- Lo se… Pero aun así no podía dejarte ir – Contesto Andrei sin basilar – Después de todo, yo te amo…
- ¿Lo dices en serio?
- Claro que si, Mitsuki – Dijo el felizmente
Lagrimas comenzaron a fluir de los parpados de Mitsuki, sus bocas se acercaron lentamente y finalmente se encontraron. El beso duro varios segundos, luego se alejaron unos pocos centímetros
- Yo también te amo Andrei… Siento haberte mentido
- No pidas perdón… - Respondió Andrei – Solo quédate junto a mí – En ese momento el rostro de Mitsuki se entristeció
- Ojala podría cumplirlo… Pero ha llegado mi hora… - Dijo sin poner su vista sobre el
- ¡Claro que no! ¡Tú vivirás y seremos felices!
- Lo siento… Pero al menos pude decirte mis verdaderos sentimientos… Puedo morir en paz… - Su voz cada vez se hacía más delgada y difícil de escuchar
- ¡No, no mueras Mitsuki! – Insistió el, pero era muy tarde
- Adiós Andrei…
Sus ojos vieron por última vez la luz y se cerraron de golpe, la cabeza, apoyada sobre los brazos de Andrei, cayo sin fuerza al suelo. Los desesperantes gritos de Andrei intentaban despertar a su amada, pero era imposible, ya no había vida en ese cuerpo.
Un lágrima tras otra comenzó a caer lentamente mientras las sirenas se acercaban a lo lejos. Andrei coloco el cadáver en el suelo y alzo su rostro injuriando al edén, berreando y vociferando reciamente, haciendo que Dios se estremeciera frente a él, intentando devolver de alguna manera la vida a Mitsuki, pero el savia mejor que nadie que era imposible.
De repente las sirenas se detuvieron, ambulancias y patrullas rodearon a Andrei. Los oficiales bajaron de sus automóviles y se acercaron con sus armas en alto a Andrei, quien aún gruñía como si el mundo se acabara, y así era para él, pues en algún momento debía pagar sus años de pecados y crímenes, y ese momento había llegado…
Fin
Fin

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