Hace tres años en la antigua ciudad de Alejandría, al norte de Egipto;
Un autobús completamente blanco se avecinaba a las lejanías, el calor del desierto mezclado con los invariables gritos y murmullos de niños fastidiosos dentro del autobús, hacían que Andrei quisiera volar sus cabezas en mil pedazos, pero intentaba resistirlo, y persistía.
Andrei era un asesino entrenado, uno de los hombres más temidos por hombres de grandes empresas y banqueros de mucho dinero, ya que los clientes eran a quien generalmente ordenaban asesinar. En fin, Andrei había sido a completar una misión junto a otros tres asesinos con los cuales se encontraría en unos minutos. Por lo que savia, la misión consistía en matar a un hombre muy importante allí en Egipto, aunque no savia de quien se trataba.
Habían pasado horas desde que Andrei se encontraba en aquel horrible autobús, su sangre se estaba calentando a tal punto que se hinchaban, no lo soportaba más, pero debió esperar unos minutos más, hasta que finalmente se detuvo.
Andrei volteo su cabeza y logro ver un inmenso catillo, junto a un inmenso mar que afligía y salpicaba la edificación. Andrei se levantó de su asiento y bajo del autobús, llevando en sus manos solo un gran maletín negro. Miro hacia ambos lados, la gente seguía bajando del autobús, y aún más gente ya se encontraba allí, esperando a los recién llegados. De repente alguien se acercó a Andrei
- Castille Andrei ¿Cierto? – Pregunto el hombre, tenía un gran traje negro, una gran cicatriz en la zona de las cejas y ojos negros como la noche
- Si… - Dijo Andrei cortante
- Lo siento, soy David, uno de tus compañeros en esta ocasión – Dijo estirando su mano hacia él, Andrei la recibió – Espero que nos llevemos bien…
- Claro – Respondió el
- Ahora debemos irnos, vamos – Dijo mientras daba la vuelta
Andrei lo siguió y ambos se subieron en una gran camioneta gris que se encontraba estacionada. Apenas subieron, David coloco la llave y la camioneta salió disparada contra el camino.

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