jueves, 16 de julio de 2015

El Corazón de un Homicida Capítulo 27: ¡Te liberare!

Habían pasado ya casi tres horas desde que Mitsuki había salido, ya era tiempo de que regresara, pero no lo hacía, Andrei comenzaba a preocuparse. El reloj seguía corriendo y cada vez mas era la preocupación de Andrei, por lo que tomo su abrigo y salió tras ella.
Andrei comenzó a correr, intentando encontrarla, pero por ningún lugar aparecía, el sol se estaba ocultando poco a poco y varias gotas comenzaron a caer y empapar todo el suelo, la lluvia comenzó a arrasar con todo. Pero aun así, él no se rendiría, y siguió buscando.
Las diez de la noche, ya hacia nueve horas que Mitsuki había salido, y aun así, no lograban encontrarla.
De repente una llamada entro en el teléfono de Andrei, rápidamente lo tomo y la acepto
  • ¿Hola? – Pregunto Andrei preocupado
  • ¡Andrei, soy yo! – Exclamo Mitsuki – ¡Hook me tiene atrapada!, parece que ya savia de lo nuestro
  • ¿Hook lo savia?... ¿Dónde te encuentras?
  • Aquí, en su mansión, me tiene apresada en el sótano
  • ¡Voy para allá! – Exclamo Andrei para luego dejar caer el teléfono y correr tras ella, pero Mitsuki seguía hablando
  • ¡No Andrei! ¡Hook contrato a varios matones para que se encargaran de ti! ¡Es muy peligroso!– Dijo Mitsuki, pero el teléfono ya se hallaba en el suelo, empapado por la temible lluvia que caía
Luego de varios minutos sin parar de correr, Andrei llego a la puerta de la mansión. Él se arrimó hacia ella y dando un gran salto logro treparla sin problemas.
Ahora se encontraba en un enorme patio, lleno de plantas y césped verde mojado. A lo lejos se encontraba la mansión, la mansión en que ella se encontraba. Andrei dio un impulso con sus piernas y siguió corriendo hasta la residencia. Parecía que llegaría sin problemas, cuando de repente alguien se detuvo en su camino
  • Asique Hook tenía razón… Ya te encuentras aquí…
La cara y la ropa empapada por la lluvia hacían que se viera un tanto diferente, pero aun así lograba reconocerlo, se trataba de nadie más que Willis, de pie con su temible sonrisa y ojos saltones, el mismo odio en persona.

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