Luego de varias cuadras corriendo, Andrei llego a su casa y rápidamente entro en ella. El cambio de temperatura penetro directamente en el pecho de Andrei, mientras este respiraba profundamente, recuperaba el aliento y observaba a su alrededor, Mitsuki ya había partido.
Claro, era casi obvio que luego de pasar la noche juntos el marido sospechara, debía salir temprano si no quería ser descubierta. Andrei no le dio muchas vueltas al asunto y se lanzó sobre su cama.
¿Cómo habían logrado escapar aquella vez? Se preguntaba Andrei sin encontrar una explicación. Keil y Willis habían quedado encerradores, rodeados de fuego y miles de personas que querían asesinarlos, había que ser más que un monstruo para salir vivo de esa.
Claro que la razón por la que querían matarlo era obvia, el había soltado a Keil y escapado sin dejar rastro, en un intento de salvar su vida y despreciar la de sus compañeros, pero, así son los asesinos… No se puede pedir mucho más de ellos.
Andrei se encontraba consumido, enervado, pero a la vez sin talantes de pernoctar. Por lo que se levantó de su cama y se acercó a su cocina, tomo una copa y sirvió medio vaso de whisky puro, el cual se tragó de una sola tomada.
Dejo el vaso en la mesada y se acercó a su computador, donde se podía leer claramente; “Un nuevo mensaje”
- Andrei, soy Mitsuki. Tuve que irme a mi casa, pero mañana a la noche mi esposo saldrá de la ciudad. Supuestamente debería quedarme en casa de su madre, pero mejor espérame, hasta entonces… - Se podía leer en el mensaje

No hay comentarios:
Publicar un comentario