- Finalmente nos conocemos… El príncipe de los mares…
- ¿Quién eres? – Preguntó Mukamoto sin quitar la vista del anciano
El viejo lanzó una risa y luego volvió a mirar a Mukamoto:
- Claro que no me reconocerás, después de todo aun eras un niño cuando te conocí… - Explicó el anciano – Soy Morian, patrimonial de las cinco calaveras rojas
- ¿Y cómo es que tú me conoces? – Inquirió Mukamoto sin aun estar satisfecho
- De seguro recuerdas aquel día… El día en que tu pueblo fue abrasado… - Mukamoto permaneció neutral a las palabras y siguió escuchando – Aquel día, luego de escapar del enemigo, tú y Utamo comenzaron un largo camino, llegando hasta la casa de un viejo conocido…
- ¿Y cuál es tu papel en esta historia?
- Aquel viejo, los entrenó durante varios años, eso fue hasta que finalmente decidieron continuar su viaje y despedirse del viejo… - Exclamó – Pero antes de eso, de seguro lo recuerdas, solo días antes de que partieran varios hombres llegaron hasta la morada de tu maestro…
- Lo recuerdo…
- Adivina que… Yo era uno de aquellos hombres, hombres que luego de su partida regresarían y acabarían con tu maestro…
Mukamoto quedó paralizado de momento:
- ¿Que acabas de decir?
- En simples palabras, yo asesiné a tu maestro…
Una lágrima comenzó a caer de su ojo izquierdo. Mukamoto se alzó con furia, tomó su lanza y la arrojó con toda su fuerza. La lanza viajaba a una velocidad inigualable hacia su objetivo. Morian realizó un ligero movimiento y repentinamente tomó una gran espada y bloqueo el ataque. Mukamoto lanzó un vistazo sobre su filosa, no podía creerlo. Aquella espada, la espada de los siete brazos, espada perteneciente a las diez armas del Infarmento, se hallaba en sus manos. La espada que anteriormente había pertenecido a su maestro, ahora se hallaba en sus sucias manos:
- Puedo notar por tu rostro que ya te has percatado de mi filosa… - Indicó Morian entre risas – Ahora sabes que la historia es cierta, ¿Cómo responderás entonces?

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