Kou era arrastrado fuertemente por el suelo, mientras, con su mandíbula, contenía el ataque del Ave en llamas, el Ave Fenix, y, acabando posteriormente justo sobre Touma. Touma encumbró la vista, el pájaro lo observaba fijamente, mientras sus llamas se esparcían fugazmente a su alrededor. La magnitud del ave era colosal, encontrándose casi a la par de Kou, pero notándose más que este al ser un volador.
De repente una fuerte corriente corrió frente a él, una espada se dirigía hacia él con gran rapidez. Touma tomó su espada y bloqueó el ataque, no sin antes dar un paso hacia atrás. Abrió los ojos y levantó la vista. Salamander se encontraba justo frente a él, siendo el autor del ataque antepuesto y derribando todo su peso en su filosa:
- Finalmente nos volvemos a encontrar, Touma Hamada… - Decía Salamander, con una sonrisa de oreja a oreja en su rostro
Touma, al recordar que el único problema no era Salamander, sino que un pelotón completo que corría hacia él y lo acabaría en cualquier momento, concibió debía hacer algo, debía primero deshacerse de aquellas molestias:
- Kou, préstame un poco de tu energía, yo me encargaré de los demás… - Oyó de repente Kou, proviniendo de su mente
- Bien, te lo encargo…
De inmediato la energía de Touma comenzó a crecer y millones de cuchillas se comenzaron a materializar en lo alto, para entonces abatir sobre sus enemigos fuertemente, como si de una gran lluvia se tratara. La masacre duró unos cuantos minutos, hasta que, finalmente, todos los soldados, exceptuando a Salamander, se encontraban mutilados en el suelo, tendidos sobre un gran lago de sangre.
Un rápido movimiento, Salamander dio un salto y arrojó una patada sobre Touma, quien rápidamente la esquivó y se lanzó unos metros hacia atrás, alejándose del enemigo. Salamander se colocó nuevamente de pie y alzó su cabeza, realizando un ligero movimiento y echándola centímetros hacia atrás, todo esto mientras elevaba gradualmente su espada.
Touma dio un respiro y finalmente logró concentrarse y comprender la situación. Su espada, aquella espada que sostenía firmemente con su mano izquierda, no era una espada normal; un grueso filo, dos grandes detalles en su mango como alas y un dorado resplandeciente que cegaría a cualquiera que la mirara directamente, aquella era la legendaria Espada de Democles, la sexta arma del Infarmento:
- ¿Cómo la conseguiste? – Preguntó Touma entre respiros
- Oh, ¿Esto? – Dijo mientras observaba su filosa – Solo digamos que es mi paga…
- ¿Tú paga?
- Así es… Aunque no lo creas, el Infarmento me ha enviado para matarse, liquidarte de una vez… - Decía Salamander mientras se acercaba – Y, como mi odio por ti es tan profundo, que hasta vendería mi alma por acabarte, no pude negarme…
- ¿Por qué no me buscan ellos mismos?
- No se los detalles, pero las cabezas de la organización están muy atosigadas en estos momentos, al parecer es algo sobre un ataque – Explicó Salamander – Como sea, nos enviaron a nosotros, las cinco Calaveras rojas…
- Entonces mis compañeros también están siendo atacados por ustedes…
- Efectivamente… Y ninguno de ustedes quedara con vida, eso dalo por hecho… - Grito finalmente, ubicando una enorme y aterrorizante sonrisa en su rostro

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