Andrei caminaba hacia el lugar que había quedado, llevaba puesto el mismo gran saco negro de siempre, y su cara de pocos amigos, lo que lo distinguía de cualquier otra persona.
Cuando llego al café, se percató de que ella ya se encontraba allí. Entonces se acercó al lugar, y muy solícitamente se sentó frente a ella
- ¿Has llegado hace mucho? – Pregunto Andrei
- Salí unas horas antes, si mi esposo se llegara a enterar me podría salir caro – Respondió - Me excuse diciendo que saldría a hacer unas compras
- Bien, ¿De que querías hablar?
- Nada en especial, solo quería pasar el día alejado de ese monstruo – Exclamo Mitsuki
- Como te dije, si llegas a necesitar ayuda llámame – Explico Andrei – Pero este lugar, dudo que sea seguro para conversar
- Lo sé, pero no hay otro lugar en el que podamos estar solos… - Indicó ella, para dejar pensando unos segundos a Andrei
- Si lo hay… Sígueme
Andrei tomo la mano de la chica, destempladamente la levanto y ambos salieron apurados por la entrada del local. Caminaron varias cuadras del mismo modo, hasta que finalmente llegaron a un complejo de apartamentos, grises, descoloridos y pequeños.
Andrei entro al complejo y sacando una llave dorada abrió la puerta de uno de ellos; Eran pequeños, unas cinco o seis habitaciones del mínimo tamaño
- Esta es mi casa – Dijo el mientras encendía la estufa - Siéntate, traeré algo
La joven se acercó a uno de los sillones que ocupaban la sala y se sentó plácidamente.
Pasaron unos minutos hasta que Andrei volviera a aparecer, esta vez con dos grandes tazas en la mano, y una oleada de humo que se desprendía de ellos
- Te gusta el café ¿Cierto? - Pregunto Andrei mientras le entregaba una de las tazas de porcelana
- Si… - Dijo cortantemente para luego darle un sorbo y observar la estufa que Andrei había encendido
De repente sonó el timbre, Andrei se acercó a la puerta y la abrió espaciosamente
- ¿Quién es? – Pregunto Andrei
- Hook… Tu asiduo…

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